Alejandro y sus sueños pendientes

Me preparo para morir

Al borde de un sueño,

Como el mártir se prepara para morir

de nuevo.

Mahmud Darwish

 

Lo que el olvido se llevó

El día 23/7/1987, dos días después de la muerte de Alejandro e Inés, cuando se estaba a punto de enterrar sus cuerpos en la pequeña catedral Coca, el Municipio de la ciudad levantó un acta oficial en la que podía leerse esta propuesta:

 

Recomendar su nombre a las generaciones futuras, como ejemplo de honestidad, trabajo, capacidad y sacrificio supremo, en aras del amor para sus hermanos.

Fue un gesto hermoso, pero, como tantos que se hacen con buena voluntad, quizá falto de contenido. Una palabra al viento. ¿Cómo se recomendó a la sociedad ese nombre de Alejandro como un ejemplo?, ¿de qué manera se pensaba mantener en la memoria de todos su esfuerzo solidario, su gesta de valiente, su sacrificio final de amor, por los más olvidados? Nada de eso se decía, ni se previno u organizó. Simplemente se escribió en acta, se firmó; luego se cerró el libro y a otra cosa. Dejemos que el tiempo haga su tarea y borre toda memoria, como hace el río con las pisadas sobre su playa.

En la iglesia de Aguarico, claro está, se sigue manteniendo, de alguna manera, el recuerdo vivo de la vida, trabajo, ideales y muerte de los dos misioneros. Pero, ¿qué sucede en la sociedad de Coca, más aún en el resto del país?

El Municipio decidió también que el puente que une la ciudad con esa carretera que se adentra en tierra huao, y se llama de tan mala manera Vía Aucas, ese puente llevaría su nombre: Alejandro Labaka. Lo pensó muy bien y con justicia. Porque Alejandro fue un auténtico pontífice, es decir, un hacedor de puentes entre las dos orillas culturales: la sociedad huaorani y la nación ecuatoriana. Se empeñó en crear modos de respeto mutuo, de entendimiento y relaciones pacíficas. Precisamente murió en su último intento de construir un puente con uno de los últimos grupos indígenas sin contacto pacífico: los tagaeri. Así que parecía muy propio y justo que ese nombre llevará su nombre, en una placa que se decidió colocar en su base, a la vista de todos, como un recordatorio del hombre que buscaba el diálogo mucho más que la confrontación o la violencia. ¡Y nunca se puso esa placa hasta hoy! Nadie sabe que ese puente se llame Alejandro.

En Ecuador se hizo y divulgó un serial televisivo (tres episodios, si no recuerdo mal, precisamente con el título EL PUENTE LLEVARÁ SU NOMBRE) para el cual se podría recordar aquella afligida sentencia: la buena voluntad no basta. U otra, todavía más lapidaria: hay gustos que merecen palos. Los resultados finales de la serie citada, en efecto, quedaban muy lejos de la generosa intención de su autor.

Es cierto que su nombre ha servido para llamar otras cosas o actividades. Hay, por ejemplo, una línea local de buses llamada así: Cooperativa Alejandro Labaka. Existe una Parroquia del cantón Orellana, con ese mismo nombre. Etc. Pero ya apenas nadie recuerda a quién se refieren, ni quién era ese sujeto. Mucho menos qué hizo, como vivió y murió, por qué se le recuerda en esos títulos. La memoria es débil, si no se la alimenta convenientemente se va desvaneciendo y puede acabar por confundirse.

A pesar de todo, ¿merecería recordarse su figura, como decía la bienintencionada acta municipal de Coca, a las generaciones futuras, las de ahora mismo, como ejemplo? ¿Por qué? ¿Qué hizo por la sociedad de su tiempo? ¿Y en qué sentido puede su figura ser todavía significativa para el nuestro?

 

La luz de Alejandro es alargada

Dicen los astrólogos que hay estrellas en el firmamento que ya se extinguieron, se apagaron. No obstante, su luz sigue llegando a nuestra tierra a través de la distancia espacial. Esto no es una figura retórica ni pomposa si la aplicamos a Alejandro, más bien se queda corta, porque muchas cosas que él inició han alcanzado su cumplimiento después de su muerte y todavía quedan otras pendientes que es preciso llevarlas a cabo.

Dicen que el tiempo es el juez definitivo, de manera que da o quita razón a las cosas que hacemos, a los pronósticos que aventuramos. En este sentido se habría de afirmar que el tiempo ha sido un juez de lo más benigno con las propuestas, ilusiones y planes de Alejandro; no solo les ha dado validez, las ha confirmado, sino que definitivamente le dio nada menos que toda la razón. Comprobémoslo en unos cuantos ejemplos concretos y más decisivos.

Ya en 1977 él, y muy poquitos más, pidieron que el Estado ecuatoriano reconocieran el derecho de los grupos huaorani a compartir un territorio indivisible y lo más amplio posible. El propuso una delimitación concreta. De las autoridades del tiempo, al ver el mapa, unos sonrieron compasivamente, otros se mofaron de forma abierta, los más amables tacharon de irrealizable y quimérica la propuesta. Alejandro murió diez años después, cuando muchos se iban sumando a su pretensión y la levantaban ya como una bandera, aunque las autoridades continuaban sin aceptarla. Sin duda su muerte fue decisiva en esa lucha e inclinó la balanza hacia su vieja pretensión. De manera que, tres años después de su lanceamiento y 13 después de su propuesta, el Gobierno vino a darle la razón donde gobernantes anteriores no le daban sino burlas. Los huaorani recibieron, al fin, un territorio cuyo primer defensor legal fue el obispo lanceado.

En esos finales años setenta y al comienzo de los ochenta, Alejandro, cuando se dirigía a cualquier huaorani, hombre o mujer, o cuando escribía sobre ellos, les llamaba señor o señora, sin ninguna diferencia con otra persona cualesquiera. Recordamos aún cómo los jefes o trabajadores petroleros se burlaban de él cuando llamaba, con toda cortesía, señores, a aquello lluchitos que se acercaban a robar a los campamentos petroleros. De nuevo, lo que entonces levantaba burlas, ahora es algo reconocido por casi todos. La defensa de la igual dignidad de las personas, por encima de otra distinción del tipo que fuera, fue una de las características más notables del trato de Alejandro.

Años antes de su muerte, Alejandro había hecho también otra propuesta que se consideró, en ese primer momento, como absurda. Él decía que el Estado ecuatoriano debía firmar “un Tratado de Paz” con los grupos aún sin contacto. Al mismo tiempo defendía que el petróleo, la colonización, o cualquier otra forma de conquista, no debía hacerse antes de un contacto pacífico y, por tanto, de una consulta previa y una explicación plausible a esos grupos. La propiedad de la tierra, defendía él, es de los indígenas por encima de las pretensiones de cualquier Estado, por tanto nadie podía actuar en ella sin autorización. Esto que en los años 80 parecía a casi todos en Ecuador desatinado e incluso inverosímil, ahora es doctrina que proviene de la legislación internacional y que acá va aceptándose mal que bien por todos.

Hace poco el actual Presidente ecuatoriano, sr. Rafael Correa, reconoció que el problema de los grupos selváticos aún sin contacto es un problema del Estado, el cual debe reconocer sus derechos y comprometerse a hacerlos respetar. Alejandro hubiera estado muy feliz de escuchar eso. Y aún tendrá esperanzas de que alguno de sus viejos sueños (una enseñanza bilingüe para todos los huaorani, la organización propia y consolidada, la intangibilidad de la selva donde siempre han vivido, etc.) sean aceptados, siquiera sea poco a poco, por una sociedad a la que cuesta demasiado reconocer como igual al diferente.

Sí, la vida y palabra de Alejandro siguen alumbrando los pasos que debemos dar en esta parte de la patria ecuatoriana.

 

Miguel Ángel Cabodevilla

Misionero capuchino

Coca 6.6.2007

Fotos Alejandro

Matan a Obispo indios aucas

Monseñor Alejandro Labaca Ugarte, obispo español del Vicariato de Aguarico, en la Amazonia ecua­toriana, fue asaeteado el pasado 21 de julio por los indios aucas, en las orillas del río Coronaco. Un total de 75 pinchazos de flechas y lanzas fue­ron detectados en su cadáver. Tam­bién apareció destrozado el cuerpo de la misionera Inés Arango, de la orden de las terciarias capuchinas de la Sagrada Familia. Ambos cadáveres fueron descubiertos por los tripulan­tes de un helicóptero de una compa­ñía petrolífera que sobrevolaba la re­gión con el encargo de recoger a los dos misioneros y trasladarlos a Coca, capital del Vicariato Apostólico. Un helicóptero de la citada compañía pe­trolífera les había llevado el día ante­rior hacia las tierras de los aucas.

Los indicos aucas representan un 25 por 100 de la población de este Vicariato Apostólico.. El otro 75 por 100 está formado por colonos mestizos provenientes de las diversas provincias de todo el Ecuador. La región conoce desde hace algunos años un fuerte movimiento inmigratorio, debi­do al descubrimiento de importantes yacimientos de petróleo, los mayores de la nación. Las sucesivas oleadas de mestizos han provocado graves en­frentamientos con los indios aucas, quienes se sienten invadidos y margi­nados por los recién llegados. Es muy probable que el asesinato del obispo y de la misionera haya sido debido a un error de los aucas, que tomarían a los misioneros por personal de la compañía petrolífera. Las vías de co­municación son prácticamente inexis­tentes en toda esta región de clima malsano y húmedo. Los misioneros utilizan para sus desplazamientos avionetas y helicópteros.

El Vicariato Apostólico de Aguari­co, creado canónicamente el 2 de ju­nio de 1984, tiene una extensión de 30.000 kilómetros cuadrados y una población de casi 55.000 habitantes. Cuenta con 19 misioneros capuchinos Y tres sacerdotes diocesanos. Tam­bién con 32 misioneras capuchinas, dominicas del Rosario y lauritas; cua­tro escuelas y 70 centros de benefi­cencia.

Monseñor Labaca ha sido su primer obispo vicario apostólico. Nombrado el 8 de septiembre de1984, recibió la consagración episco­pal el 8 de diciembre de ese mismo año. Desde 1947 a 1953 trabajó como misionero en China, en la misión de Pingliang. Expulsado por los comu­nistas, se trasladó a Ecuador, y preci­samente a la región de Aguarico, que en ese mismo año había sido consti­tuida en prefectura apostólica.

Monseñor Labaca, natural de Bei­zama, en Guipúzcoa, había ingresado en la orden capuchina a los dieciocho años de edad. Una representación de la Confe­rencia Episcopal Ecuatoriana asistió el viernes día 24 a los funerales de ambos misioneros.

Al conocer la noticia, según infor­ma la agencia Efe, la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador ha culpado al Gobierno y a las compañías multinacionales de es­tas muertes. La dirigente Blanca Chancoso aseguró que el obispo y la religiosa fueron utilizados por estas compañías como «piel de cañón». Asimismo, definió a ambos religiosos como «defensores de los pueblos indí­genas y denunciantes del acosamien­to del que somos objeto.» Por su parte, Edison Viteri, de la etnia shuar, ha insistido en las mismas razones y ha manifestado su temor a que la muerte de los dos misioneros sirva de pretex­to para militarizar la zona. n

Revista ECCLESIA Núm. 2.330. 1 de agosto 1987

Nuestras vidas se cruzaron

Mons. Alejandro y la Hna Inés Arango, lan­ceados por los Aucas a quienes tanto que­rían, son mártires de la caridad.

A partir de 1970, nos habíamos encontra­dos algunas veces, pues somos dos Vicariatos colindantes, separados por la frontera Perú-Ecuador. Ambos llegaron hasta mi choza de Angoteros. Rocafuerte y Angoteros son dos misiones vecinas.

A Alejandro le gustaba compartir su expe­riencia; vibraba cuando me contaba de su contacto con los Huaorani. Como por ós­mosis me contagiaba de su entusiasmo. Nos comunicábamos mutuamente nuestra pasión por los pequeños del Reino, los in­dígenas. Él me animaba a seguir en esta entrega. Su actuación misionera me inspi­raba. Era la nueva evangelización que bus­cábamos para los nativos; una nueva ma­nera de defender el Proyecto de Dios sobre los pueblos indígenas frente al genocidio occidental.

Me acuerdo que el 27/11/77, en una visita a Rocafuerte, me había informado de que los Auca o Pukachaki estarían pasando también a Perú. Me hablaba siempre de los Quichua, Siekoya, Huaorani. Su rostro se iluminaba. Me enseñaba cantos en qui­chua, yo le entregaba los tonos nativos re­cuperados que utilizábamos nosotros, los cuales él incluyó el 4 de octubre de 1983 en su cantoral comentando: “Aquí quiero hacer mención especial del P Juan Marcos Mercier que, con su valiosa colección del Bajo Napo, nos ayuda a unir en abrazo de hermanos, por el canto, la oración y el amor, a toda la familia creyente de la cuen­ca del Napo”.

Mons. Alejandro Labaka nos sorprendió por su actitud entre los nativos al querer descubrir ahí al Dios preexistente: “Me esfor­cé para no llevar mi Breviario. Nada. Es que primero hay que aprender de ellos. He visto..., Dios está con ellos. Ahora no nece­sitan Misas. Necesitan cariño, justicia y tie­rras para su futuro como pueblo... Ellos tie­nen su fe en Dios, en su Huinuni. Es necesa­rio conocer sus criterios, sus sentimientos e ir caminando a su lado, encontrar a Jesús que vive entre ellos”.

En algunos aspectos vivíamos algo seme­jante. En 1973, en abril y noviembre, me tocó ser el primer sacerdote en estar unos meses entre los Matsés o Mayoruna, indios llamados bravos, del río Yavari, frontera Perú-Brasil, que vivían todavía en la inocen­cia de una desnudez paradisíaca. El 26 de noviembre el Ministerio de Agricultura me entregó el ex-pediente por el cual se les re­servaba 350.000 hectáreas de tierra. Por su­puesto no podía dedicarme a la vez a los ru­nas del Napo y a los del Yavarí. Mi obispo me prometió entonces que él mismo iba a buscar un par de misioneros para vivir en medio de los Matsés.

¡Alejandro! Éramos como dos Hermanos Menores que vibraban por lo mismo: el Reino, los pequeños, los indígenas de la Selva. Sintonizábamos en seguida. Te entusiasmabas cuando me hablabas de tu expe­riencia de encarnación entre los Huaorani, de tu ecumenismo con los Siekoya.

Intercambiamos casetes en las cuales los Siekoya, en su idioma, se enviaban mensajes familiares. Nuestro interés hacía buscar las conexiones entre los nativos de allá y los de aquí. Investigar si podían ser parientes de los Huaorani nuestros Vacacocha (Aé'wa), Aushiri o Arabela, del Perú. Con tal fin intercambiamos vocabularios. Él encontró unas 10 palabras parecidas entre Huaorani y el léxico Aushiri del P. Avencio, 2 con el Arabela, y una sola con el Vacacocha (notita del 7 de enero de 1980). Me enviaba las más importantes de sus crónicas. Con devoción guardo su última firma.

¡Alejandro! No me olvido con qué emoción me contaste, a la luz débil de una lamparina, en mi choza de Angoteros, tu adopción y despojamiento huao; repetición del desnudamiento de san Francisco delante delobispo de Asís... Fue de verdad para ti una entrega solidaria a esta etnia, como la de San Isaac Jogues al pueblo Iroquese: “Este pueblo es para mí un esposo de sangre. Me he casado con él con mi sangre”.

Gracias, Alejandro, por nuestros encuentros, demasiado breves. Que nuestras vidas se hayan cruzado es una bendición para mí. A la gloria del Padre de Jesús, nuestro Padre.

Juan Marcos Coquinche

CABODEVILLA, Miguel Ángel (Ed.) Tras el rito de las lanzas. CICAME 2003. p. 132-133.

Cronología de Alejandro Labaka Ugarte

Nacimiento: 19 de abril de 1920, en Beizama, Guipuzcoa, España

Estudios: Primaria, en Beizama.

Ingreso en el Seminario de Alsasua, Navarra, en 1932

Fallece su madre en 1936

Primera Profesion Religiosa como Capuchina en Sanguesa, 15 de agosto de 1938

Estudios de Filosofia en Estella, Navarra, de 1939 a 1942

Estudios de Teología en Pamplona, Navarra, de 1942 a 1945

Ordenacion sacerdotal el 22 de diciembre de 1945 en Pamplona

Misionero para China, abril de 1947, Pingliang

Expulsado de China por los comunistas, 4 de febrero de 1943

Año de espera en Fuenterrabía, Guipúzcoa

Misionero para Ecuador, 1954

Destinado a Pifo, mayo de 1954 a 1957

  • combate a los protestantes
  • acompañamiento a los indígenas y gente pobre del lugar

Destinado a Guayaquil, 24 de marzo de 1958

  • Párroco y Director de la Sagrada Familia
  • participa en la adquisición del terreno donde había de levantarse el Colegio “Guillermo Rohde”

Superior de la Custodia Capuchina en Ecuador, 1961 a 1964

Prefecto Apostólico del Aguarico, 1965 a 1970

Se nacionaliza como ecuatoriano, noviembre de 1967

Cesa de Prefecto Apostólico, octubre de 1960

Misionero en la Zona Petrolera, 1971

Rector del Colegio “Padre Miguel Gamboa”, Coca, 1974

Encargado de la Pastoral de los Huaorani, 1976

Primer contacto con los huaorani, 31 de agosto de 1976

Adoptado como Hijo de huaorani, Inihua y Pahua, diciembre de 1977

Superior Regular de la Misión Capuchina, 1979 a 1982

Prefecto Apostólico del Aguarico, 4 de noviembre de 1982

Consagrado Obispo del Vicariato Apostólico del Aguarico, 9 de diciembre de 1984, Coca

MUERE ALANCEADO POR LOS TAGAERI el 21 de julio de 1987 en las orillas del río Tiguino, Pastaza

Actualmente en proceso de ser Declarado Mártir de la Evangelización.

 

 

Mensaje de los Caminantes 2016

Mensaje de los Caminantes 2016

Con Alejandro e Inés, “caminamos con misericordia para defender la vida”, desde el Santuario de Guápulo de Quito y desde el santuario de Alejandro e Inés del Helipuerto de Tiputini hasta las tumbas de Alejandro e Inés para recibir la gracia de la misericordia que nos lleva a ser signo profético creador de un mundo nuevo de respeto a las culturas y a la creación.

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Celebrando 29 años de la entrega martirial de  ALEJANDRO E INÉS  1987-2016

Celebrando 29 años de la entrega martirial de ALEJANDRO E INÉS 1987-2016

El 21 de julio de 1987 se conoció la terrible noticia de que un obispo capuchino y una religiosa terciaria capuchina habían muerto alanceados por un grupo de “no contactados en aislamiento voluntario” de la Amazonía ecuatoriana. La noticia recorrió el mundo, porque Monseñor Alejandro Labaka (de Beizama, Guipúzcoa, España) y el hermana Inés Arango (de Antioquia, Colombia), habían muerto (con 67 y 50 años, respectivamente) “con sentido de martirio” dando la vida por los pueblos que viven amenazados en…

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Reaprender la confianza (24 julio 2016)

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Reaprender la confianza Lucas y Mateo han recogido en sus respectivos evangelios unas palabras de Jesús que, sin duda, quedaron muy grabadas en sus seguidores más cercanos. Es fácil que las haya pronunciado mientras se movía con sus discípulos por las aldeas de Galilea, pidiendo algo de comer, buscando acogida o llamando a la puerta de los vecinos. Probablemente, no siempre reciben la respuesta deseada, pero Jesús no se desalienta. Su confianza en el Padre es absoluta. Sus seguidores han…

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Agenda de la Celebración de Alejandro e Inés (20-21 julio 2016) (2)

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Después de 12 día caminando desde Quito (ruta norte) y dos días desde el Helipuerto-Tiputini (ruta sur), con la participaicón de los capuchinos del Ecuador y de América Latina, vamos a celebrar con toda profundidad, sencillez y solemnidad el aniversario 29 de la muerte martirial de monseñor Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango. Dos días intensos para la vida del Vicariato Apostólico de Aguarico y un nuevo impulso misionero para todos.

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Testimonio a los 25 años (Pedro José Irure)

Dicen los aucas que te van a matar, que esos son malos...
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Celebrando 29 años de la entrega martirial de ALEJANDRO E INÉS 1987-2016

El 21 de julio de 1987 se conoció la terrible noticia de que un obispo capuchino y una religiosa terciaria capuchina habían muerto alanceados por un grupo de “no contactados en aislamiento voluntario” de la Amazonía ecuatoriana. La noticia recorrió el mundo, porque Monseñor Alejandro Labaka (de Beizama, Guipúzcoa, España) y el hermana Inés Arango (de Antioquia, Colombia), habían muerto (con 67 y 50 años, respectivamente) “con sentido de martirio” dando la vida por los pueblos que viven amenazados en su hábitat, estilo de vida y condiciones de desarrollo, a su estilo Leer más...

Extractos de la crónica de Nuevo Rocafuerte

Abril 1979.
3 de abril. Llamado el P. Alejandro Labaca para entrar a los Aucas en ?? de pacificación. Le acompañan la Hna. Inés Arango y una Hna. Laurita. Por segunda vez llegan religiosas donde los Aucas.

Salimos de Nuevo Rocafuerte hacia Pañacocha de donde seremos conducidos a los Aucas en Helicóptero de la compañía. Tres días tardamos para llegar donde ellos por algunas dificultades en el vuelo; unas veces por falta de visibilidad, otras por fuertes tempestades y además el piloto no era muy conocedor de aquella zona motivos por los cuales regresábamos cada día a Pañacocha. Al tercer día llegamos donde ellos felizmente a las 4 de la tarde. Durante aquellos tres días nos esforzamos por aprender unas 4 palabras en Huaorani; otros momentos los tomábamos como reflexión en compañía del Padre.
 
Gran alborozo causa a los Huaorani nuestra llegada y más alegría sentíamos nosotros de poder llegar hasta donde ellos, cosa que nunca hubiéramos creído posible; pero el Señor ya había señalado esta hora para el principio de una evangelización tan sólo a base de convivencia y cariño hacia aquel pueblo olvidado entre la selva por los demás hermanos que disfrutamos de la civilización y la Buena Nueva.
 
Nuestros sentimientos no podrán ser expresados en palabras. Tan sólo se sabe lo que esto significa cuando se experimenta en carne propia llegándose hasta donde estos nuestros hermanos que desean como toda criatura el Reino de Dios. Sólo decimos gracias Señor por esta experiencia y este aprender y ser evangelizados por los más pobres materialmente, porque sólo poseen los medios y recursos de la selva careciendo aún de vestido y espiritualmente porque no hay operarios suficientes ni quien sea capaz de correr el riesgo a un de su vida por la extensión del Reino.

Agosto de 1980.
El día 1 de agosto salen de Nuevo Rocafuerte hacia el pueblo Huaorani a 300 kilómetros de distancia por el río yasuní la Hna. Laura, una misionera Laurita y el padre Alejandro Labaca y dos motoristas de la misión. Llevan provisiones para una semana de compartimiento con este pueblo para luego quedarse allí el padre Alejandro todo el mes de Agosto aprendiendo la lengua, costumbres para estudiar la forma de una futura evangelización.
 
Agosto 15.
La Hna. Elvira Fernández, misionera dominica del Rosario, quien había terminado sus estudios de enfermería y pidió hacer su año rural en este hospital. Compartiría con nosotras nuestra vida de comunidad y de trabajo.
A finales de este mes vienen tres hermanas misioneras dominicas a pasar unos días de descanso en nuestra casa. Fueron ellas las Hnas. Cova y Luz.

Septiembre de 1980.
El primero salen en busca del padre Alejandro que aun permanecía entre los Huaorani las Hnas. Cova dominica y la Hna. Inés Arango, acompañadas del P. Manuel. Permanecieron allí durante 5 días en conocimiento del pueblo y sus costumbres. Fue un viaje lleno de obstáculos y grandes peligros pero bella experiencia de evangelización a un pueblo que aun no han percibido la Buena Nueva.
 
Septiembre 20.
Salen de nuevo a la gira apostólica del Aguarico el padre Alejandro, la Hna. Inés Arango y la Hna. Elvira Fernández. A las 8 de la mañana previendo que llevaban las provisiones necesarias para tres semanas. Visitaron las diferentes tribus atendiéndolas con medicinas y también se realizaron bautismos. Permanecimos en cada lugar 1 ó 2 días, según las necesidades. Las gentes esperan ansiosas estas visitas pues carecen de toda clase de recursos debido a las distancias.

De la Cronica de las Hermanas Terciarias Capuchinas de Coca

(Sólo lo referentes a Inés)

Día 19 de junio de 1987:

"En las horas de la tarde llega la Hna. Inés con Monseñor Alejandro quien fue a recogerla después de haber pasado algunos días con los Huaoranis. En este viaje tuvo la oportunidad de visitar a dos grupos huaoranis. Inés nos cuenta con gran satisfacción lo que vivió allí. Le tocó tres días pasar con solo chicha porque se le agotaron los víveres. Pero no importa soy feliz con ellos.

Día 29 de junio de 1987:

(Sale a Quito) la Hna. Inés Arango quien tenía programado salir el día martes con el fin de organizar los trámites para asistir al Congreso Misionero en Colombia (CONLA III). Salieron a eso de las 8,30 en un avión de carga (Búfalo).

Día 18 de julio de 1987:
Se hace la culminación del año lectivo en la Escuela "Fray Mariano de Azqueta" en la cual se pide disculpas por la no asistencia de Mons. Alejandro ya que estaba haciendo un viaje de reconocimiento al lugar donde estaban los Tagaeris.

En las horas de la mañana regresa la Hna. Inés quien venía de participar en el Congreso Misionero en Colombia. Después de compartir un poco con Candela, Lucero y Cristina se marcha con Mons. Langarica a San Pedro y luego a Shushufindi.

Día 19 de julio de 1987:

A las 12,50 regresa Inés Arango de Shushufindi, después de haber saludado y compartido un poco con las hermanas, de inmediato va a la tienda del Sr. Milton Noboa con quien conversa un poco y además con Carmen Teneda y Emilia Gallardo. Allí se provee de algunas cosas para el viaje a realizar el día siguiente entre los Tagaeri.
En las horas del mediodía llega la Hna. Laura Fernández de Rocafuerte, quien va para Quito. Más tarde la Hna. Inés sale a la calle con Laura a conseguir algunas cosas que le hacían falta. También en esta tarde visita a las Lauritas y a Betty Pauker.

Día 20 de julio de 1987.
En eso de las 6,30 de la mañana salieron Mons. Alejandro, Roque, Inés y Cristina hacia la compañía CGG con el fin de dejar a Mons. Alejandro y a Inés quienes irían en helicóptero al sitio donde se encuentran los Tagaeris. Dado que el cable para la bajada del helicóptero se había roto y aun no estaba reparado se postergó el viaje para el día martes. Después de preparar algunos víveres y utensilios que da la compañía desayunamos allí mismo. Seguidamente regresamos y trajimos a Huaorani que se (??) por tener a su hija enferma. También entramos a saludar a las Hnas. Dominicas (Elvira (no ??) Tere, Merche, Clarita) y a eso de las 11 am llegamos al Coca.

Las Hnas. Emma, Laura Salazar, Nelly Posada, Luz Elena Restrepo, Gabriela Arango, Martha Oliva, Inés Arango, Candela Quijano, Lucero Giraldo, Cristina Tamayo nos reunimos en esta casa con el fin de ayudarnos y buscar formas de vivir mejor. Todo el encuentro estuvo dentro de un clima muy fraterno y positivo. Quedamos de reunirnos el día 7 de septiembre.

En la tarde cada quien marchó a su casa felices de haber celebrado también la Independencia y por llevar medicinas, ropa, alimentos para los pobres. También nos acompañó un rato Mons Alejandro. Este mismo día Laura Fernández salió para Quito.
 
Día 21 de julio de 1987:
A las 5,30 de la mañana llegó Monseñor Alejandro y Roque que venían a recoger a Inés para ir al grupo Tagaeri. En la tarde llegó Imelda Pérez de Nuevo Rocafuerte.
 
Día 22 de julio de 1987:
De mañana va Roque a Vía Auca con el fin de hacer algún contacto con Monseñor e Inés, se dirige a la CGG (Compañía). A eso de las 6,30 llega el Hno. Jesús por Imelda para llevarle al aeropuerto, además le acompañó la Hna. Lucero Giraldo ya que Imelda estaba delicada de salud.
Más tarde nos llama Imelda por Teléfono: "Cristina una mala noticia". ¿Qué? ¡Sí! ¡Mataron a Monseñor e Inés. Fue terrible! De inmediato Candela reaccionó con un fuerte llanto a pocos momentos le dije (Cristina) a Candela que me iba a llamar a Quito para que de allí pasaran la noticia a Colombia. Inmediatamente la Señora Rosa de León me comunicó a Quito. La Hna. Ligia recibió la noticia.

Después Imelda, Cristina, Lucero, Candela nos dispusimos a realizar las gestiones del caso y a preparar para el velorio y recibir sus cuerpos.
A eso de las 3 pm llegan con los cadáveres y se procede al levantamiento. Esto se hizo en el seminario. A eso de las 10 pm llegaron los cadáveres al templo parroquial del Coca; donde una gran multitud de fieles y amigos de la Parroquia les esperaban. Celebramos la Eucaristía y velamos en la noche. En la velada de la media noche celebraron la eucaristía el P. Alberto Calvo y Mons. Gonzalo López M.

Día 23 de julio de 1987:
A las 11 am los Señores Obispos de la Conferencia Episcopal nos acompañan u celebran la Eucaristía por el alma de Monseñor e Inés. En las horas del medio día se regresan a Quito. A eso de las 2 pm llegan la Hna. Elena Echavarren, Superiora General, Hna. Berenice Sepúlveda Superiora Provincial, Hna. Fabiola Arango, Hna. Cecilia Arango, hermanas carnales de Inés, Ligia Aurora y Sara Hernández.

Día 24 de julio de 1987:
A eso de las 10 am llegan de Pasto la Hna. Cecilia Rodríguez y la Hna. Estela quienes nos acompañaron en estos momentos tan duros.
La eucaristía de sepultura fue presidida por Mons, Gonzalo López M y hubo participación de todo el pueblo; las ofrendas, los memorandos, este fueron muchos. Después de la Eucaristía a petición del pueblo se dio una vuelta por las calles con los dos cadáveres. Después de colocar los cadáveres en las tumbas se dejar abiertos hasta las 3 pm, donde se procede a cerrarlos.

Cronología de Inés Arango

Hermana Terciaria Capuchina

1937, 6 de abril, nace en Medellin, Colombia.

Sus padres: Fabricio Arango Franco y Magdalena Velásquez Posada.Tuvieron 12 hijos, siendo Inés la undécima hija y la tercera en ser religiosa.

Acontecimientos

1937, recibe el bautismo de manos de su tio sacerdote Daniel Ignacio.

1940, recibe la confirmación, comprometiéndose con la vida cristiana.

Inés es una muchacha que va siguiendo ordenadamente las estapas de educación propias de una chica de su edad.

Estudios:

Primaria: 1944, Colegio La Presentación, Medellin

 1948, Escuela Normal de Antioquia, Medellin

 Secundaria: 1951, Colegio Nuestra Señora de La Merced, Yarumal, Antioquia

 dirigido por las Hermanas Terciarias Capuchinas.

1953, ingresa como aspirante en las religiosas de la Madre Laura (Lauritas). Sale a los dos meses.

1953, culmina sus estudios de Bachillerato en el Colegio de María Auxiliadora.

1954, 17 de octubre, a la edad de 17 años ingresa en la Comunidad de las Hermanas Terciarias Capuchinas.

1956, 7 de ,julio, realíza su primera profesión religiosa; su nombre de religión es: María de la Nieves de Medellin.

Destinos:

1956, profesora en el Colegio Manuela Beltrán de Versalles, Departamento del Valle.

1957 - 1958, profesora en el Colegio Santa Inés y Santa Rosa de Lima, Antioquia. 1959, 15 de agosto, realiza su profesión perpetua como religiosa

1960 - 1963, profesora de secundaria en el Normal del Colegio Nuestra Señora del Carmen, Córdoba

1963-1971, Colegio Sagrada Familia de Armero, Tolima

1971, profesora de secundaria en el Colegio Normal La Merced, Yarumal, Antioquia

1972, profesora en el Colegio de María, Peñarol, Antioquia

1973, profesora en el Instituto La Inmaculada de Puerto Berrío, Antioquia

1974, profesora en el Colegio La Inmaculada

1975, profesora en el Colegio Sagrada Familia, Armero

MISIONERA EN EL AGUARICO

1977, 9 de marzo, ingresa a Shushufindi, Provincia de Sucumbíos, encargándose del Dispensario Médico, catequesis, evangelización y promoción humana

1977, 4 de agosto, es destinada a Nuevo Rocafuerte, Provincia Francisco de Orellana, prestando servicios en el Hospital Franklin Tello

Atiende la catequesis en la ribera del río Napo

Encargada de la pastoral Huaorani atendiendo a Siona, Secoyas, Quichuas y Shuaras

1987, participa en el Congreso Misional Latinoamericano, Colombia

1987, 21 de julio, muere alanceada por los Tagaeris, Provincia de Pataza

Se encuentra en proceso de ser declarada Mártir de la Evanglización.

Frase textual del último escrito de Inés: “Si Dios lo sabe. Siempre con todos, Inés.”me muero, me voy feliz y ojalá nadie sepa nada de mí. No busco nombre... ni fama, Inés.

BIOGRAFIA Hna. Josefina Zúñiga Deluque

Era fiel exponente de las mujeres de su raza antioqueña, que no sabe de miedos porque ha podido vencer la abrupta majestad de sus montañas. Su figura menuda encerraba un alma grande, de temple.

Quienes la recuerdan desde su infancia, vivida con la naturalidad de una niña común y corriente, alcanzaron a intuir detrás de su cuotidianidad y de su semblante apacible y sonriente, el fuego de quien se sabe llamada a vivir grandes momentos en su historia personal.

La fe recibida en el hogar, por la tradición y por el ejemplo de sus padres y mayores, se fue templando desde muy temprano cuando, con su hermana Cecilia, también terciaria capuchina, asistía a la catequesis dominical. Así de normal transcurrieron su infancia y su adolescencia. Sin estridencias ni aspavientos; todo enmarcado en lo común y corriente de una niña y de una adolescente. Con sus altibajos de alegría, de ilusiones, de rebeldías y aspiraciones compartido todo con quienes fueron sus compañeras de estudio en las aulas de los colegios de "La Presentación" de Medellín, la "Normal Antioqueña", "María Auxiliadora de Medellín y la normal "La Merced" de Yarumal, testigos de su franca e innata rebeldía ante lo institucional, cuando supera a la persona.

Siendo alumna en la Normal "La Merced", de Yarumal, sufrió un accidente que pudo haberle ocasionado serias consecuencias, pero que dentro de los designios del Padre Bueno, no llegó más allá de unas horas de inconciencia porque El ya habría marcado con su amor de predilección, porque las necesitaba.

La delicadeza de su alma cristalizó en el gran amor y ternura hacia su madre, a quien no fue capaz de contarle que partía para Ecuador, por no amargar la despedida. No obstante esto, fue valiente para ir más allá de lo común cuando el Señor en el Evangelio le hizo la propuesta exigente de dejar padre, madre y hermanos por el REINO.

De temperamento alegre, sencillo y sin doblez, siempre espontánea, era clara y directa en su relación con los demás, lo que llevaba a decir las cosas llamándolas por su nombre.

Consciente de que todo don viene de Dios y que lo que de El se recibe es para darlo a los demás, compartía todo, se daba siempre a todos y no quería hacer sufrir a nadie. Era una mujer común y corriente pero llena de amor y con grandes deseos de servir. De ahí que siempre fue hacendosa y servicial.

De apariencia frágil, pero de muy buena salud; delgada, pero fuerte.

Pero si por algo se distinguió Inés, fue por su pasión por las misiones. Desde muy niña mostró inclinación por ella, tal vez bajo la influencia de la tradición familiar que cuenta en haber evangelizador con varios misioneros.

De adolescente vivía en continua emulación con su hermana Cecilia: aquella en favor de las Hermanas de la Madre Laura y ésta por las Terciarias Capuchinas. Su anhelo de ser misionera la llevó a buscar a las Lauritas, ya que en esa época la Provincia de San José no tenía expansión misionera; pero por designios de Dios que la quería Terciaria Capuchina, solo estuvo como aspirante de las Lauritas, aproximadamente dos meses.

El 17 de octubre de 1954, cuando en Medellín se celebraba una Eucaristía solemne para conmemorar el Centenario del nacimiento de nuestro Padre Luis Amigó, Inés participó en esta celebración ya que los familiares de las hermanas habían sido invitados; Cecilia, su hermana era novicia.

El Plan de Dios sobre Inés comenzó a clarificarse ante ella y fue tan fuerte el llamado del Señor, que se quedó desde ese día, sin volver a su casa, sin mirar hacia atrás y la mamá tuvo que llevar esa tarde el ajuar para ingresar como Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, tal como había visto que era la voluntad divina. Entregó su vida al Señor en la fecha significativa del centenario del natalicio del padre fundador y su Dios que la recibió desde entonces, sella la donación total otorgándole el martirio apenas terminado el cincuentenario de nuestras Hermanas mártires en España. Así es el amor de Dios.

Se quedó para siempre con las Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia. ¿Qué pasó, entonces, si su anhelo, su pasión eran las misiones y en las perspectivas no se vislumbran asomos para satisfacer su inquietud misionera? Así son los misterios del amor de Dios y de la respuesta generosa a su llamado.

El anhelo misionero siguió latente, vivo; postulantado, noviciado, profesión en 1956 fueron un camino de esperanza hacia el ideal del principio. Las inquietudes misioneras se abren a otro panorama, el de la educación: los Colegios "Manuela Beltrán, Versalles, (Valle), "Santa Inés", Bolívar (Antioquia), "Sagrada Familia", Armero, (Tolima), Normal "La Merced", Yarumal, Colegio "De María", el Peñol, "Instituto "La Inmaculada", Puerto Berrío" y la "Inmaculada" Medellín (Antioquia) fueron testigos de la entrega sin límites de tiempo y circunstancias a sus alumnas quienes hoy la recuerdan con cariño y gratitud y quienes dan fe de que "ese pequeño cuerpo encerraba un alma gigante".

..."que aprendieron de ella como en un libro abierto porque su vida fue un permanente testimonio de entrega, de abnegación, porque no conocía el cansancio, ni el desaliento para entregarse y vivir"...

..."Vida de testimonio ratificado y sellado por el martirio"...

(Tomado de una carta enviada por una exalumna con ocasión de su muerte)

..."Sus alumnas vivieron con ella las alegrías, ilusiones y esperanzas de su SUEÑO MISIONERO que eran muchísimas veces el tema del recreo". (tomado de la misma carta).

Y así transcurrió la vida de Inés, "misionera de la educación2 hasta 1973; 19 años de espera generosa y alegre para ver cumplidos sus anhelos de ser "misionera de las misiones"; surge la inquietud por el Mitú, llanos orientales de Colombia; se ofrece generosamente, pero en reloj de Dios, aún no sonaba el campanazo esperado durante tanto tiempo. Solo después de 21 años de aguardar con paciencia y constancia, su gran anhelo se hace realidad en la misión de Shushufindi, Ecuador, Misión Capuchina de Aguarico. Allí el horizonte es infinito como su anhelo; allí su espíritu se ensanchó mientras descendía por el majestuoso y hermoso Napo, contemplando la belleza de sus paisajes, sus palmeras, sus chontas, y teniendo a la vista el encanto, la sorpresa y la ilusión de ser "misionera de verdad" (tomado de su libreta de apuntes, desde 1977).

Con cuanta fidelidad transcribe en su libreta el gozo del primer encuentro con la selva en donde se verán cumplidas las esperanzas, los anhelos vividos en 21 años esperando que sonara el fin de la hora en el reloj de Dios.

¡Cuántos momentos de oración profunda, sentida y comprometida registran esas páginas amarillentas ya por el tiempo y la pobreza del papel!

¡Con cuánta claridad sintió la necesidad de "darlo todo, que es bien poco" (tomado de la misma libreta) a esos hijos de la selva, hermanos, porque también son hijos de Dios!. Toda esta trayectoria vital se resume en la nota final, escrita antes de su partida definitiva: "Si muero me voy feliz y ojalá nadie sepa nada de mi, no busco nombre ... ni fama. Dios lo sabe. Siempre con todos"... Y lo que no se busca sale al paso. Inés no buscó el martirio, Dios se lo regaló.

El martirio, aun cuando es un regalo de Dios, inmerecido, se va construyendo en la fragua de la oración fervorosa y constante, de la entrega total, sin medida y sin reservas, en el abandono en los brazos amorosos del Padre.

Los 10 años vividos intensamente por Inés en la misión, la fueron cambiando, fueron templando su carácter en la fragua de su oración fervorosa, de su espíritu de pobreza. Años que fueron acrisolando el temple de su carácter recio, que nunca convino con lo incorrecto que la llevaba a tomar posiciones claras y definidas frente a lo impreciso.

Y en ese clima de oración constante y fervorosa, la recibió el amanecer del martes 21 de julio de 1987. No había luz eléctrica cuando se postró a orar ante el Señor de su vida. Solo la luz parpadeante de la pobre vela iluminó el encuentro con el Dios del amor; así de simple, como la virgen prudente del Evangelio, con la luz encendida más en su espíritu de entrega que en el pequeño cirio, testigo de su diálogo amoroso con Jesús.

¿De qué hablarían? ¿Qué se dijeron en ese momento Jesús e Inés? Ella le hablaría de su anhelo de "ir más allá" de lo común, de lo ya hecho. Le contaría que ya había escrito a la Hermana General, a la Hna. Elena, presentándole su plan, contándole sus proyectos; le dirá también que había disfrutado la gran alegría de dialogar personalmente con ella durante los días inolvidables del COMLA 3.

¿Qué faltaba entonces? La fuerza que solo viene de Dios cuando todo se ajusta a su Plan salvífico; la fuerza del Espíritu del Señor que se logra en la oración, en el abandono y eso estaba buscando a esa hora.

Y... esa fuerza se hizo presente en Inés para dar un paso más hacia los amados Tagaeris, para ir en busca de las ovejas perdidas, fiel al encargo de su Padre Fundador (cfr. LAOC 1831). Había que salir al encuentro del Esposo en la maraña de la selva, con la lámpara del amor encendida, con el aceite generoso de la entrega, del amor verdadero que da la vida por todos los que ama.

Lo demás, lo que pasó después, lo intuimos porque la vida se hizo testimonio. "Fue tan buena misionera QUE EL SEÑOR LE REGALÓ EL MARTIRIO". Así dice una de las tarjetas recibidas por su muerte.

En el cielo hubo fiesta. Luis Amigó continuó la celebración pascual que hace más de 50 años está celebrando en compañía de sus hijas mártires de la guerra española a quienes hoy se suma Inés, mártir del amor. El amor ha vencido a la muerte.

Hna. Josefina Zúñiga Deluque

t. c.

Inés; pastora, oveja y zagala del Buen Pastor, nos cuestiona

“…y no teman perecer en los despeñaderos y precipicios en que muchas veces se habrán de poner para salvar la oveja perdida; ni les arredren los zarzales y emboscadas con que tratará de envolverlos el enemigo, pues pueden estar seguros de que si logran salvar un alma, con ella predestinan la suya” (OCLA 1831). Las palabras que nuestro fundador nos dirige en su testamento espiritual se constituyen en profecía histórica de las exigencias evangélicas en pleno siglo XXI. Nos perfiló un estilo de seguimiento de Jesús acorde con una historia que no cesa de reclamar “pastoras arriesgadas, misericordiosas, entrañablemente amorosas”. Como nuestras hermanas que respondieron al momento histórico que vivieron. Leer más...
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