BIOGRAFIA

Alejandro Labaka e Inés Arango:

mártires de la defensa de la vida y cultura indígena del

Vicariato Apostólico de Aguarico

(selva amazónica ecuatoriana)

El 21 de julio de 1987, el obispo capuchino Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango, dos misioneros en la Amazonia ecuatoriana, fueron matados por las lanzas de los nativos huaorani. Frente a la explotación de los recursos naturales de parte de las grandes compañías petroleras, el obispo había priorizado la vida de las personas y defendido con coraje los derechos de las minorías indígenas. Paradójicamente, los indígenas, que se sentían acorralados, mataron a los dos misioneros que les ofrecían su apoyo.

En 1966 «aparecieron» los últimos restos de un pueblo indígena, y les llamaron los tetetes. Al poco tiempo, estos pocos supervivientes volvieron a desaparecer selva adentro. Pero el padre Alejandro Labaka, responsable de los capuchinos que se habían encontrado con los tetetes, tomó en serio este hecho y reflexionó sobre dicha circunstancia: «La sociedad no suele preocuparse mucho de los pueblos pequeños, tienen otros problemas y se olvidan de la gente de la selva... pero los misioneros debemos creer en el Evangelio, allí Jesús dice que dejó las 99 ovejas para buscar una; los que son pocos tienen tanto valor como los muchos; Jesús se preocupó de los pequeños y abandonados. Así debemos hacer. Estas minorías indígenas son los más antiguos pobladores de Ecuador, son los verdaderos dueños de su país, los que estaban acá antes del Estado, muy anteriores a la República y a sus leyes, y debemos ayudar a que la sociedad los reconozca como los primeros ciudadanos, los respete, los ayude y los proteja».

Durante 25 años se dedicó al acercamiento con los huaorani (o aucas), aprendiendo a vestir, a comer, a vivir como ellos y a hablar su lengua, el huao. Llegó a ser conocido y querido por todos los grupos huaorani, todos menos uno: los tagaeri, tribu que jamás había aceptado la intromisión de nadie en su territorio, que poco a poco se había visto acorralada y con menos territorio debido al trabajo de explotación de las compañías petrolíferas en la selva amazónica ecuatoriana. Precisamente por ello, monseñor Labaka se obsesionaba por compartir y ser aceptado por ellos. Además, realizó un trabajo de denuncia contra las compañías, instituciones y gobierno, constantemente cuestionados, en defensa de la vida y la cultura de los pueblos amazónicos.

En junio de 1987, un mes antes del asesinato-martirio el él y de la hermana Inés, pasan varios días conviviendo con otros grupos huaorani «para mantener los lazos de amistad». El 10 y 11 de julio vuelan sobre la casa tagaeri descubierta poco antes, pero no encuentran a nadie. El día 17, después de arrojar unos regalos, encuentran a un grupo de ellos. Escribe: «Regresamos felices con los primeros signos de buena acogida». Esa misma tarde tiene una reunión con los altos representantes de Petrobrás (la compañía petrolera que estaba trabajando en la selva). No se sabe lo tratado en esa reunión, pero sí que el misionero salió preocupado y totalmente decidido a introducirse en el territorio de los tagaeri. Quizás la compañía petrolera se mostró decidida a entrar inmediatamente en dicho territorio, dispuesta a todo para sojuzgar a los tagaeri. Resolvió poner en peligro su vida como único medio para defender la vida del grupo indígena de los tagaeri. Su plan sería el de convencerles de que cambiaran de lugar para evitar su exterminio.Así, pocos días después, el 21 de julio, desde un helicóptero alquilado, logra bajar junto a la hermana Inés, en un claro del bosque, hacia el sur de Coca. El helicóptero debía volver una hora más tarde, pero se perdió en la selva, así que volvió al día siguiente. No encontraron a nadie, sólo divisaron los cadáveres delante de la casa... El misionero aragonés Javier Aznárez, sacerdote y médico, preparó los cadáveres y dijo que contó 160 orificios en el cuerpo de monseñor y 67 en el de la madre Inés. Lo que les hicieron no puede llamarse crueldad, aunque pueda parecerlo, sino que son ritos de los huaos, difícilmente explicables, donde participan hombres y niños, como si mataran a un jabalí, con sus lanzas con 20 centímetros de punta y dentadas, que desgarran el cuerpo por dentro.

Así fue todo: un día bajaron ambos en un claro de la selva, donde los indígenas estaban protegidos. Monseñor desciende primero y se despoja de sus ropas. Inés guarda en un bolsillo el paño que cubría su cabeza y se quita los zapatos. El helicóptero se aleja. Al día siguiente, al amanecer, monseñor yace sobre el tronco de un árbol derribado, con ochenta y cuatro lanzas taladrándole el cuerpo... y cerca de otros ochenta orificios en el cuerpo. Ella se halla sentada en la entrada de la casa de los indios, con veintiuna lanzas en su carne, los hombros desencajados, los ojos en dirección al cadáver del obispo, la boca entreabierta. Hágase, Señor, tu voluntad. Alejandro quería de verdad a los indígenas y ese amor fue tan grande como para llevarle a dar la vida por ellos. Siempre fue consciente del peligro de vida que implicaba esta difícil misión.

Sobre el tapete estaba la cuestión de qué es más importante, qué es prioritario: la vida de unas personas o la explotación de unos recursos naturales. Para el obispo capuchino Alejandro Labaka e Inés Arango, terciaria capuchina, fue de absoluta prioridad la vida de los indígenas, y por eso se le puedes considerar con toda verdad mártires de la defensa de la vida y la cultura indígena. Esto parecía entonces una locura, pero desde la muerte de Alejandro, sus palabras, su esfuerzo han abierto un camino.

Alejandro Labaka nació el 19 de abril de 1920, en Beizama, Guipúzcoa, España.

Falleció el 21 de julio de 1987 en la selva amazónica de Ecuador.

La Causa es llevada ante la Santa Sede en: Curia Diocesana, Nicolás López 349, Apdo. 17-21-1918, Quito, Ecuador.

La misionología de Mons. Alejandro Labaka

Introducción

La vida de Mons. Alejandro Labaka es heterogénea: vivió en tres continentes: Europa, Asia y América. En sus 67 años de vida conoció realidades eclesiales muy diferentes: preconciliar, conciliar y posconciliar. Dejó muchas cartas escritas, pero pocas estrictamente “misionales”. Lo que sí dejó como testamento de su espiritualidad misionera es un libro, escrito en la misma selva amazónica: CRÓNICA HUAORANI. En este estudio quiero limitarme solamente a este libro, descubriendo en él algunos rasgos de la misionología actual.

“¿Enriquece Alejandro Labaka el arsenal de Misionología de la Iglesia? – se pregunta Rufino Grández en su voluminosa biografía: Vida y martirio del Obispo Alejandro Labaka y de la Hna. Inés Arango. Después de haber leído y meditado Crónica huaorani, puedo asegurar que sí.

 

Primer rasgo: Missio Dei en vez de Missio Ecclesiae.

Tanto la Iglesia como la misión tienen su origen en la voluntad divina de amar. La esencia de la misión se diferencia esencialmente del trabajo misionero. El sujeto primero que actúa en la misión es Dios.

Tenemos que ascender de la misión como actividad propia de la Iglesia a la misión como proyecto fundamental de Dios. Prioridad de la misión con respecto a la Iglesia. Dios siempre ha estado actuando en el mundo, en la historia de los hombres, ya que su voluntad es que todos los hombres se salven (1Tim 2,4) y siempre el Verbo ha estado en el mundo iluminando a todo hombre (Cfr. Jn 1,9) y siempre el Espíritu Santo ha soplado donde ha querido (Cfr. Jn 3,8). No comienza la misión con la Iglesia; Dios es el origen de la misión; la Iglesia se pone a disposición de la misión. ¡La Iglesia es Misión!

¿Qué implicaciones tiene esta doctrina para la misión concreta?

La acción salvífica de Dios entre los pueblos no evangelizados. Dice el documento del Concilio Vaticano II Gaudium et spes: “Todo esto se aplica no solo a los cristianos sino también a todos los hombres de buena voluntad en cuyos corazons la gracia actúa de manera invisible. Ya que Cristo murió por todos; y todos de hecho son llamados a un mismo destino, que es divino, debemos creer que el Espíritu Santo ofrece a todos la posibilidad de que , de forma de Dios conocida, se asocien al misterio pascual” (GetS.22)

¿Dónde aparece este rasgo misionológico en Alejandro?

En Crónica Huaorani, p. 108, Alejandro hace esta reflexión: “Nos preguntan: ¿Para qué van a los aucas? ¿Acaso podrán predicarles? ¿Qué pretenden? Sencillamente: queremos visitarles como hermanos. Es un signo de amor con un respeto profundo hacia su situación cultural y religiosa. Queremos convivir amistosamente con ellos, procurando descubrir con ellos las semillas del Verbo, insertadas en su cultura y en sus costumbres. Nada podemos decirles ni pretendemos. Sólo queremos vivir un capítulo de la vida huaorani, bajo la mirada de un Ser creador que nos ha hecho hermanos”.

“De todos modos, Mampahuoe y Omare están muy dentro de nuestros recuerdos. Me hago más bien la ilusión de que son los últimos profetas de un pueblo libre del Antiguo Testamento, esperando entonar el “Nunc dimittis” de la liberación de su pueblo por Cristo” (Crónica huaorani, p. 152)

Alejandro, desde el Concilio Vaticano II en el que participó, ha reflexionado mucho sobre el tema “Semillas del Verbo”, sembradas en otras culturas y religiones diferentes de la cristiana. Dios trabaja en los seres humanos y los pueblos antes de que la Iglesia llegue a ellos. A donde llega el misionero, Dios le ha precedido. El beato Juan Pablo II dijo en uno de sus viajes a América Latina: “Antes que llegasen los misioneros a estas tierras, ya Dios abrazaba con su amor infinito a los Amerindios”.

Como Alejandro tenía presentes estas verdades, ejercitó un estilo misionero humilde, respetuoso y acogedor. Nada impuso, todo lo ofreció. Descubrió los valores de sus cantos, narraciones, tradiciones, su fe en Huinuni: El Ser supremo para ellos.

 

Segundo rasgo: La misión, vida de la Iglesia, servidora del Reino.

No tenemos que identificar Iglesia-Reino. Estaríamos todavía en un concepto eclesiocéntrico de misión. La encíclica Redemptoris missio (1990) ha introducido la clara distinción entre Iglesia y Reino. El cap. II de esta encíclica está todo él dedicado al tema Reino de Dios. En él se afirma: “La realidad incipiente del Reino puede hallarse también fuera de los confines de la Iglesia, en la humanidad entera, siempre que ésta viva los “valores evangélicos” y esté abierta a las acciones del Espíritu Santo que sopla donde y como quiere”.

Esta afirmación hace pensar en una noción de misión que trasciende la actividad propia de la Iglesia, para referirse a toda acción misteriosa de Dios, Salvador en la entera historia de la humanidad. No hay que identificar el Reino de Dios con la Iglesia.

La presencia del Reino de Dios no es otra realidad más que la presencia universal del misterio de salvación que Dios ofrece a todos los hombres, que culmina obviamente en Cristo, pero que ya es activo por obra del Espíritu Santo en la entera humanidad: en él participan ya los hombres de todos los tiempos. En los paganos, en sus tradiciones religiosas, hay valores positivos, que pueden y deben ser considerados como preparación, como apertura al anuncio del Evangelio. La Iglesia no es el Reino, está al servicio del Reino.

¿Dónde aparece este rasgo misionológico en Alejandro?

Escribe en Crónica Huaorani: “Creo que, antes de cargarles de crucifijos, medallas y objetos externos religiosos, debemos recibir de ellos las semillas del Verbo, ocultas en su vida real y en su cultura, donde vive el Dios desconocido” (Crónica Huaorani, p. 108)

Y en otra página: “El profundo silencio de la noche estrellada fue interrumpido de pronto por la sonora voz de Inihua… era como rescatar un salmo del antiguo testamento del pueblo Huaorani”. (Crónica, p. 166)

Vemos la profunda convicción que tenía Alejandro de que en La cultura huaorani latía la acción de Dios.

 

Tercer rasgo: El valor salvífico de las otras religiones.

Este es un tema central de la actual misionología.

El Concilio Vaticano II nos dio el documento Nostra aetateSobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. Este documento fue firmado por Mons. Alejandro Labaka que se encontraba en Roma, participando del Concilio Vaticano II en calidad de Prefecto apostólico de Aguarico, del 18 de noviembre al 7 de diciembre de 1965. Y él se llevó en el corazón y en la mente la doctrina conciliar sobre el diálogo interreligioso.

“Todos los pueblos forman una sola comunidad, tienen un mismo origen, puesto que Dios ha hecho habitar a todo el género humano sobre la faz de la tierra, y tienen también un único fin último que es Dios, cuya providencia, manifestación de bondad y designio de salvación se extiende a todos”. (Nostra aetate, 1)

Las tradiciones religiosas no-cristianas representan, en relación al cristianismo, un como Antiguo Testamento, con la diferencia de que éste ha sido suscitado por una abierta y directa intervención de Dios, mientras que no podemos decir esto mismo de otras religiones. Antiguo testamento y tradiciones religiosas no-cristianas son vistas como “praeparatio evangelica”, y en el uno y en las otras, Dios actúa salvíficamente.

¿Dónde aparece este rasgo misionológico en Alejandro?

Escribe en Crónica huaorani: “Descubrir con ellos las semillas del Verbo, escondidas en su cultura y en su vida; y por las que Dios ha demostrado su infinito amor al pueblo huaorani, dándole una oportunidad de salvación en Cristo”. (Crónica huaorani, p.104)

 

Cuarto rasgo: Las semillas del Verbo.

¿Cuándo comenzó Mons. Alejandro a escuchar estas palabras y a reflexionar sobre ellas? Fue en el Concilio Vaticano II, al escuchar este párrafo del documento Ad gentes:

“Para que los mismos fieles puedan dar fructuosamente este testimonio de Cristo, deben reunirse con aquellos hombres por el aprecio y el amor, reconocerse como miembros del grupo humano en que viven, y participar en la vida cultural y social por las diversas relaciones y negocios de la vida humana; familiarizarse con sus tradiciones nacionales y religiosas, descubrir gozosa y respetuosamente las semillas del Verbo, latentes en ellas; pero, al mismo tiempo, deben estar atentos a la profunda transformación que se produce entre las gentes y trabajar para que los hombres de nuestro tiempo, entregados demasiado a la técnica y a la tecnología del mundo moderno, no se alejen de las cosas divinas, sino que, por el contrario, despierten a un deseo más vehemente de la verdad y del amor revelado por Dios”. (Ad gentes, n.11)

Tan hondamente quedó grabada esta doctrina de las semillas del Verbo en el ánimo de Mons. Alejandro, que escogió estas palabras para lema de su escudo episcopal.

 

Quinto rasgo: Encarnación en la cultura.

Un rasgo muy acentuado en la misionología y en la práctica misionera de Alejandro es su inserción en la cultura huaorani.

Leamos los siguientes textos de Crónica huaorani:

“Esta vez traigo una inquietud: ver cómo puedo hacer para integrarme en la familia huaorani”.

“Me parece que lo ideal sería integrarme en una familia huao. Pero, ¿cómo? Dos requisitos serían fundamentales: ser útil en algo material y ser aceptado por ellos. Mis servicios de leñador y aguatero”.

Compartiendo el calor corporal:”Y llegué a pensar que es hermoso compartir incluso el calor del cuerpo con el pobre”.

“La vida misionera no es solo adaptación; es, sobre todo, comunión de vida, de costumbres, de cultura, de intereses comunes”.

 

Sexto rasgo: Una misión de actitudes inéditas.

Alejandro Labaka ya llevaba 10 años en contacto con la minoría étnica Huaorani al momento de recibir la ordenación episcopal. Ese día, en su homilía pronunció las siguientes palabras:

“Esta nuestra Iglesia, nacida de la confluencia de varias nacionalidades indígenas de diversas lenguas y culturas, está llamada a descubrir las semillas del Verbo, no asumidas todavía por ella. Los grupos humanos primitivos como son los Huaorani, Sionas, Secoyas, Cofanes, Quichuas, Shuaras, han tenido “maneras propias de vivir su relación con Dios y su mundo”. Su encuentro con Cristo se hace en situaciones inéditas, ofreciendo, por tanto, maneras y actitudes inéditas de vivir el Evangelio como salvación universal”.

Realmente a Alejandro le tocó vivir situaciones inéditas. Especialmente los 22 años que pasó en la Amazonia ecuatoriana como misionero de las minorías étnicas y muy especialmente cuando convivió con los Huaoranis. Situémonos geográficamente en la Amazonía, a la rivera derecha del río Napo. Desde tiempos ancestrales viven ahí pueblos que no han tenido ningún contacto con la “civilización” (llamémosla así desde nuestra ladera). Y entra un misionero a convivir con ellos. ¿Qué hace? Él entró desnudo, desarmado, llevando amistad, amor, aceptación. Y sabía bien a lo que iba, lo dejó escrito en Crónica Huaorani: “Hoy, lo que trabajen por las minorías tienen que tener vocación de mártires”. (Crónica huaorani, 198)

 

Sétimo rasgo: Rasgos de una nueva idea de misión.

Desde criterios evangélicos. Sin duda que en Alejandro se dio una conversión “pastoral”. En sus años de China se enfrentó a un mundo desconocido y participó del concepto de misión de los años 40 del siglo XX. Llegado a Quito en 1954, vivió una pastoral tradicional de religiosidad popular, enfrentada a un ambiente donde tenía fuerza una emisora evangélica con características proselitistas. Destruyó Biblias “protestantes”. Ahora entra en una cultura ancestral, no “contaminada” por la civilización. Entra con el Evangelio en la mete y eran el corazón. Vive la bienaventuranza de los pobres; vive el despojo material, dando su vestido, dejándose despojar de todo.

Una misión de paciencia y de integración. No todo era idílico en los contactos con los Huaorani: estaban de por medio intereses crematísticos en las petroleras, que veían de forma muy distinta el contacto con los Huaoranis. Estaba la relación con el ILV: Instituto Lingüístico de verano, organización misionera evangélica de USA. Y Alejandro, hombre cortés y diplomático por opción y talante personal, tuvo que contar con estas mediaciones. 

Una misión desde los derechos del pobre. Leyendo las cartas perdónales y oficiales y la Crónica huaorani, llama la atención el respeto y sensibilidad que tuvo Alejandro con el tema de los DDHH. Escribe en Crónica huaorani: “Por otra parte, la labor conjunta de las Compañías petroleras, Instituciones de Gobierno y Misiones Religiosas puede obtener la integración de esta interesante minoría amazónicas, sin menoscabo de sus derechos humanos”. (Crónica huaorani,p.24)

La misión desde la cultura del hombre desnudo.

Una misión de la no-violencia.

 

Octavo rasgo: El corazón misionero de Alejandro.

Y después de pergeñar algunos rasgos de la personalidad misionera de Alejandro, quisiera centrar todo en su corazón misionero. Ese corazón que fue atravesado por una lanza tagaeri el 21 de julio del año 1987. Corazón traspasado como el de Jesús. Un corazón que, desde niño, latió a impulsos del ideal misionero. A sus 12 años ingresa en un seminario donde se respiraba ambiente misionero, alentado por entusiastas cartas que llegaban de China, escritas por capuchinos. Y hasta en los cantos se vivía el entusiasmo misionero:

“Grande ideal, amores sobrehumanos . me llaman hoy allende, allende el mar.

Las voces oigo de otros mis hermanos – que el corazón me quieren alentar.

Ya voy, ya voy a la misión querida – ya voy, ya voy tus hijos a salvar.

Que de mi patria es corta la medida – y al mundo entero intento yo abrasar.

Hasta los 25 años vivirá progresivamente el descubrimiento y cultivo del ideal misionero. Y al recibir la ordenación sacerdotal, inmediatamente escribe a su superior una carta pidiendo ser enviado a China.

Carta al superior: “Ecce ego.mitte me!Mi alegría sería inmensa si el Espíritu Santo se dignase escogerme para extender la Iglesia y salvar las almas en misiones…y sobre todo en países de más dificultad y donde más haya que sufrir”.

Un corazón que late con anhelos de entregar toda su vida a la misión hasta derramar su sangre por la fe.

Textos de martirio

“Mi premio ha de ser, oh Madre – al pie de un árbol morir.

De todos abandonado – de todos menos de ti.

Bendita mil veces –diré al expirar – la hora en que me enviaste la fe a propagar.

Y en China va a permanecer del año 1947 al año 1953. Son 7 años en que el corazón de Alejandro latió a nivel universal. China fue la misión añorada y nunca olvidada. Su mente y su corazón se abrieron a la cultura milenaria de un pueblo que no conocía a Cristo. El impacto de China dura toda la vida.

Y la última etapa de su vida, la más larga, de 1954 a 1987, son 33 años, la va a pasar en Ecuador, patria del corazón. Llega a Ecuador con 34 años, en plenitud de vida y entrega todas sus energías a la labor pastoral en Sierra y Costa del Ecuador. Pero es especialmente donde descubre su verdadera vocación misionera, cuando se contacta con los pueblos ocultos amazónicos. Ciertamente que su corazón ha vibrado a impulsos eclesiales universales en la última etapa del Concilio Vaticano II. Allí se fraguó una nueva idea de misión, las semillas del Verbo, que será su lema del escudo episcopal.

Y de su corazón y de su pluma brotaron las páginas de Crónica huaorani, que es su legado misionero, su ideario, la plasmación de su ideal en páginas llenas de fuego. Las escribió muchas de ellas en la misma selva, en las chozas de los Huaorani.

Corazón que derramó hasta la última gota de su sangre para regar la selva amazónica. Corazón que dejó de latir una tarde del 21 de julio de 1987, pero que sigue siendo el símbolo de una entrega misionera hasta el martirio. Corazón enterrado bajo las losas del pavimento de la catedral de Coca, en aquel mismo lugar donde un 9 de diciembre de 1984 se extendió en el suelo para su consagración episcopal.

Ahí está enterrado para brotar en siembra de ideales misioneros.Corazón universal: misionero de China, misionero de América. Una acción misionera, antítesis de una evangelización impuesta arrasando las culturas. La antítesis de una misión que no respeta a los evangelizados. Ahí está ese corazón que clama por una nueva evangelización de amor, de respeto, de entrega hasta dar la vida.

Yo rescaté sus cadáveres

José Miguel Goldáraz era el Vicario General del Vicariato de Aguarico. Así nos cuenta los acontecimientos.

-Si en el año 1987 no se integraba el grupo de los Tagaeri al programa de la Misión, este grupo desaparecería por las exploracio­nes de las Compañías. Era por tanto decisiva la intervención por parte de Monseñor. Esto precipitó la rápida búsqueda y el ingreso.

Monseñor mantenía con CEPE un convenio. El Gobierno obliga a las Compañías a emplear un fondo para el "desarrollo comunitario"; así las Compañías se liberan de impuestos estatales de acuerdo a la cantidad que dan como fondo comunitario.

La partida para obras comunales está fijada con el n°123-0606-01-187. Para la aplicación de esta partida se celebra un convenio entre CEPE y la Institución que desea recibir esa ayuda para esos fines sociales. Así se firmó en Quito el Convenio. Por parte de CEPE firma Carlos Romo Lerous, como gerente general de CEPE, Luis Ore­llana, como Secretario de la Conferencia Episcopal y Monseñor Alejandro Labaka, co­mo Obispo de Aguarico, realizador del programa.

El convenio se firma el 15 de octubre de 1985 y se amplía el 5 de mayo de 1987. El primero de noviembre de 1985 entregan a la Misión Capuchina para los fines indicados, la cantidad de 5.000.000 de sucres.

-Monseñor no entró nunca a la tribu huaorani por helicóptero. Siempre fue por tierra. Así fue el proceso con la primera tribu:

La Compañía CGG lo llevaba en helicóptero hasta el helipuerto de la Compañía., Allí se acercaban de vez en cuando los huaoranis a recogerles comida, machetes...

-Monseñor observaba su conducta y no les hacía nada. Permitía esta presencia. Poco a poco fue haciéndose amigo de ellos. Los huaoranis le perdieron el miedo. Cuando ya se hicieron verdaderamente amigos, lo invitaron a su choza. Así, fue muchas veces, andando, hasta ellos. Durmió más tarde en su misma casa. Yo volé, una sola vez en helicóptero, sobre su choza con Mariano Grefa.

-Táctica con los Tagaeri.

Monseñor sólo hizo dos días de vuelo sobre los Tagaeri. En el primer vuelo no llevó ningún regalo. Sólo fue a inspeccionar. La segunda vez fue con el helicóptero por dos ocasiones en el mismo día. Ese día les echó regalos en los dos sobrevuelos. En la última vez (tercer vuelo) los Tagaeri le hacen señas con los brazos. ¿Para que echara más regalos...? ¿Para que bajaran...?

La primera vez vieron sólo una persona. Las otras dos veces vieron más. Monse­ñor decidió bajar por la premura ya explicada y porque a primeros de agosto pensaba viajar a España. Los misioneros le indicaban que no bajase aún. Yo le instaba a que no bajase en helicóptero. No obstante respetan su prudencia, ciencia y la gran experiencia con otras tribus. Era realmente un experto. El viernes anterior a su muerte estuvo en la Compañía estudiando los mapas. De Coca a los Tagaeri hay como unos 150 kilómetros de distancia. El estudió todo perfectamente.

-Una cronología simple.

Monseñor entra con la hermana Inés el día 21, martes, a las 9 a.m. La expedi­ción de rescate entra el 22, miércoles, a la 1,30 p.m. y llega a Coca con los cadáveres a las 3,10 p.m. De las 3,10 a las 9,30 se realiza la cosida y arreglo de los cuerpos masacrados. El rescate lo hicimos en media hora aproximadamente. El resto del tiempo se invirtió en el viaje.

-Algo de historia.

-Roques, vasco de las Landas y gerente de la Compañía dice que fueron en heli­cóptero, descendieron encima de la chacra, sin aterrizar. Vieron mucha gente; echa­ron los regalos, pocos. Viajaban tres de la Compañía, Monseñor y la hermana Inés.

-Se elevó un poco el helicóptero. Los Tagaeri salieron tranquilos de su choza sin portar lanzas y en fila india. Los Tagaeri fueron donde los re galos a la chacra y los cogieron.

- El helicóptero baja otra vez y los indios se esconden. El piloto descuelga juntos a Monseñor y a Inés por medio de una wincha. El helicóptero asciende y se va hacia una casa nueva que estaban hacien­do los Tagaeri . A los cinco minutos regresa el helicóptero y todavía estaban solos Monseñor e Inés. Los Tagaeri se habían escondido fuera de su casa. El piloto quiso regresar a la hora de dejarlos, pero en vez de ir al río Tigüino, confundido, se va por el río contiguo, denominado Siripuno. El helicóptero se regresa al campamento. Monseñor les había indicado que regresaran al día siguiente. De la chacra a la casa hay un camino ancho, distante unos 500 metros. "Yo creo que los masacraron en el primer cuarto de hora".

-Organización del rescate.

Al día siguiente va Roque con los de la Compañía. Dan una vuelta y no ven nada. Dan otra vuelta y ven los cadáveres a sendos lados de la casa de los Tagaeri. Inmediatamente regresan a la Compañía, al Campamento militar y a la Misión, para organizar el rescate. La Compañía presta un helicóptero grande: helitan. En él van José Miguel y Roque, el coronel Núñez y 13 soldados. También presta la Compañía un heli­cóptero pequeño: gacela. En él van 5 personas de la Compañía.

Los militares llevan un helicóptero artillado con dos ametralladoras para cubrir el rescate. En él van los dos soldados con ametralladoras y el comandante.

Bajan 10 soldados y José Miguel. Aquellos armados totalmente. Seis soldados de­bían cubrir y cuatro realizar el rescate. Yo tenía que dirigir la operación. Abrí un camino distinto del que tenían los Tagaeri, más corto. La casa de los Tagaeri se cayó con el viento de los helicópteros. Descendí con los 10 soldados desde una altura de 4 metros. El helicóptero grande se quedó volando sobre la chacra, por eso los que llevaban el equipo de filmación no pudieron captar las primeras escenas.

Yo sin pensar lo que estaba haciendo, como un autómata, le saqué 15 lanzas del cuerpo de Monseñor y 3 de la hermana Inés. Los soldados, habían sacado algunas más, pues estaban en el suelo.

Alejandro sólo llevaba el CUMBI (cuerdica para sujetar el miembro viril). Inés llevaba su ropa normal. La toca la tenía en el bolsillo. Iba descalza.

Habían llevado sábanas, fundas de plástico; todo lo necesario para el rescate. Fue una pena, pues los soldados, asustadísismos se dejaron volar todo excepto una fun­da. La partí en dos y traté de ceñir una media parte a cada uno de los cuerpos. A 25 metros de altura, sobre la casa, el helicóptero echa las sogas para el rescate. A Madre Inés se le sube en seguida, ya que no pesaba casi nada.

No se podía subir a Monseñor. Lo elevan un poco y lo llevan así hasta la chacra. Allí baja suficientemente el helicóptero y logran subirlo con dificultad.

Se regresan a Coca.

-Por qué les clavaron tantas lanzas.

Yo creo que es como una danza ritual de muerte. Hay otras danzas de guerra.

Para la muerte tienen lanzas largas y fuertes como de unos tres metros y medio. Para la cacería son más ligeras.

Los tagaeri acostumbran a los niños a clavar sobre el cadáver lancetas para alejar a los espíritus y para hacerlos fuertes. Los padres untan con la sangre a los hijos pequeños en los brazos, en el pecho. Todos pican como avispas. Las lanzas las dejan clavadas. Así queda cogido el espíritu. Pintan las lanzas de rojo en la guerra o muerte.

El nombre de Tagaeri viene de TAGA: nombre propio. Y ERI: cuadrilla = Cuadrilla de Taga. A estos moradores los llaman Pacachaquis= Pies rojos.

Se cree que los mataron los viejos de la tribu; las lanzas son muy pesadas.

Se cree que los mataron porque no llevaron muchos regalos. INIGUA decía: cien machetes, cincuenta ollas, cien cuchillos y tagaeri no matar. ¿Será así?

Hno. José Miguel Goldáraz

Agosto 1987

Fotos Alejandro

Nuestras vidas se cruzaron

Mons. Alejandro y la Hna Inés Arango, lan­ceados por los Aucas a quienes tanto que­rían, son mártires de la caridad.

A partir de 1970, nos habíamos encontra­dos algunas veces, pues somos dos Vicariatos colindantes, separados por la frontera Perú-Ecuador. Ambos llegaron hasta mi choza de Angoteros. Rocafuerte y Angoteros son dos misiones vecinas.

A Alejandro le gustaba compartir su expe­riencia; vibraba cuando me contaba de su contacto con los Huaorani. Como por ós­mosis me contagiaba de su entusiasmo. Nos comunicábamos mutuamente nuestra pasión por los pequeños del Reino, los in­dígenas. Él me animaba a seguir en esta entrega. Su actuación misionera me inspi­raba. Era la nueva evangelización que bus­cábamos para los nativos; una nueva ma­nera de defender el Proyecto de Dios sobre los pueblos indígenas frente al genocidio occidental.

Me acuerdo que el 27/11/77, en una visita a Rocafuerte, me había informado de que los Auca o Pukachaki estarían pasando también a Perú. Me hablaba siempre de los Quichua, Siekoya, Huaorani. Su rostro se iluminaba. Me enseñaba cantos en qui­chua, yo le entregaba los tonos nativos re­cuperados que utilizábamos nosotros, los cuales él incluyó el 4 de octubre de 1983 en su cantoral comentando: “Aquí quiero hacer mención especial del P Juan Marcos Mercier que, con su valiosa colección del Bajo Napo, nos ayuda a unir en abrazo de hermanos, por el canto, la oración y el amor, a toda la familia creyente de la cuen­ca del Napo”.

Mons. Alejandro Labaka nos sorprendió por su actitud entre los nativos al querer descubrir ahí al Dios preexistente: “Me esfor­cé para no llevar mi Breviario. Nada. Es que primero hay que aprender de ellos. He visto..., Dios está con ellos. Ahora no nece­sitan Misas. Necesitan cariño, justicia y tie­rras para su futuro como pueblo... Ellos tie­nen su fe en Dios, en su Huinuni. Es necesa­rio conocer sus criterios, sus sentimientos e ir caminando a su lado, encontrar a Jesús que vive entre ellos”.

En algunos aspectos vivíamos algo seme­jante. En 1973, en abril y noviembre, me tocó ser el primer sacerdote en estar unos meses entre los Matsés o Mayoruna, indios llamados bravos, del río Yavari, frontera Perú-Brasil, que vivían todavía en la inocen­cia de una desnudez paradisíaca. El 26 de noviembre el Ministerio de Agricultura me entregó el ex-pediente por el cual se les re­servaba 350.000 hectáreas de tierra. Por su­puesto no podía dedicarme a la vez a los ru­nas del Napo y a los del Yavarí. Mi obispo me prometió entonces que él mismo iba a buscar un par de misioneros para vivir en medio de los Matsés.

¡Alejandro! Éramos como dos Hermanos Menores que vibraban por lo mismo: el Reino, los pequeños, los indígenas de la Selva. Sintonizábamos en seguida. Te entusiasmabas cuando me hablabas de tu expe­riencia de encarnación entre los Huaorani, de tu ecumenismo con los Siekoya.

Intercambiamos casetes en las cuales los Siekoya, en su idioma, se enviaban mensajes familiares. Nuestro interés hacía buscar las conexiones entre los nativos de allá y los de aquí. Investigar si podían ser parientes de los Huaorani nuestros Vacacocha (Aé'wa), Aushiri o Arabela, del Perú. Con tal fin intercambiamos vocabularios. Él encontró unas 10 palabras parecidas entre Huaorani y el léxico Aushiri del P. Avencio, 2 con el Arabela, y una sola con el Vacacocha (notita del 7 de enero de 1980). Me enviaba las más importantes de sus crónicas. Con devoción guardo su última firma.

¡Alejandro! No me olvido con qué emoción me contaste, a la luz débil de una lamparina, en mi choza de Angoteros, tu adopción y despojamiento huao; repetición del desnudamiento de san Francisco delante delobispo de Asís... Fue de verdad para ti una entrega solidaria a esta etnia, como la de San Isaac Jogues al pueblo Iroquese: “Este pueblo es para mí un esposo de sangre. Me he casado con él con mi sangre”.

Gracias, Alejandro, por nuestros encuentros, demasiado breves. Que nuestras vidas se hayan cruzado es una bendición para mí. A la gloria del Padre de Jesús, nuestro Padre.

Juan Marcos Coquinche

CABODEVILLA, Miguel Ángel (Ed.) Tras el rito de las lanzas. CICAME 2003. p. 132-133.

Mensaje de los Caminantes 2016

Mensaje de los Caminantes 2016

Con Alejandro e Inés, “caminamos con misericordia para defender la vida”, desde el Santuario de Guápulo de Quito y desde el santuario de Alejandro e Inés del Helipuerto de Tiputini hasta las tumbas de Alejandro e Inés para recibir la gracia de la misericordia que nos lleva a ser signo profético creador de un mundo nuevo de respeto a las culturas y a la creación.

Leer Más..

Celebrando 29 años de la entrega martirial de  ALEJANDRO E INÉS  1987-2016

Celebrando 29 años de la entrega martirial de ALEJANDRO E INÉS 1987-2016

El 21 de julio de 1987 se conoció la terrible noticia de que un obispo capuchino y una religiosa terciaria capuchina habían muerto alanceados por un grupo de “no contactados en aislamiento voluntario” de la Amazonía ecuatoriana. La noticia recorrió el mundo, porque Monseñor Alejandro Labaka (de Beizama, Guipúzcoa, España) y el hermana Inés Arango (de Antioquia, Colombia), habían muerto (con 67 y 50 años, respectivamente) “con sentido de martirio” dando la vida por los pueblos que viven amenazados en…

Leer Más..

Reaprender la confianza (24 julio 2016)

Reaprender la confianza (24 julio 2016)

Reaprender la confianza Lucas y Mateo han recogido en sus respectivos evangelios unas palabras de Jesús que, sin duda, quedaron muy grabadas en sus seguidores más cercanos. Es fácil que las haya pronunciado mientras se movía con sus discípulos por las aldeas de Galilea, pidiendo algo de comer, buscando acogida o llamando a la puerta de los vecinos. Probablemente, no siempre reciben la respuesta deseada, pero Jesús no se desalienta. Su confianza en el Padre es absoluta. Sus seguidores han…

Leer Más..

Agenda de la Celebración de Alejandro e Inés (20-21 julio 2016) (2)

Agenda de la Celebración de Alejandro e Inés (20-21 julio 2016) (2)

Después de 12 día caminando desde Quito (ruta norte) y dos días desde el Helipuerto-Tiputini (ruta sur), con la participaicón de los capuchinos del Ecuador y de América Latina, vamos a celebrar con toda profundidad, sencillez y solemnidad el aniversario 29 de la muerte martirial de monseñor Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango. Dos días intensos para la vida del Vicariato Apostólico de Aguarico y un nuevo impulso misionero para todos.

Leer Más..

Invitación a celebrar el triduo de Alejandro e Inés

28º ANIVERSARIO

DE LA MUERTE MARTIRIAL

DE MONS. ALEJANDRO LABAKA Y HNA. INÉS ARANGO

A todos los hermanos de la Custodia: Paz y bien.

Con la alegría de haber vivido unos días especiales de gracia  por la visita del papa Francisco, les dirijo –como vicepostulador de la causa de los Siervos de Dios Alejandro e Inés- una exhortación a celebrar el 28 aniversario de  su muerte martirial. Desde la Curia de la Custodia se les hará llegar un folleto, que contiene el TRIDUO para los días previos al 21 de julio. Durante toda la CAMINATA podemos en nuestras celebraciones de fraternidad, unirnos a los caminantes en la oración y reflexión. Con los fieles, en nuestras iglesias, podemos repartir la propaganda que ha impreso el Vicariato y tener reflexiones misioneras y súplicas.

Podemos seguir la información de las etapas de los caminantes y animarlos en su peregrinación a las tumbas de Alejandro e Inés.

Somos herederos del gran ideal misionero de Alejandro e Inés. Que lo revivamos al celebrar el 28 aniversario de su heroica muerte.

Con mi salido fraterno,

 

José Antonio Recalde

8 de julio de 2014

 

AGENDA DE LA CELEBRACIÓN DE ALEJANDRO E INÉS (20-21 julio 2016)

Después de 12 día caminando desde Quito (ruta norte) y dos días desde el Helipuerto-Tiputini (ruta sur), con la participaicón de los capuchinos del Ecuador y de América Latina, vamos a celebrar con toda profundidad, sencillez y solemnidad el aniversario 29 de la muerte martirial de monseñor Alejandro Labaka y la hermana Inés Arango. Dos días intensos para la vida del Vicariato Apostólico de Aguarico y un nuevo impulso misionero para todos. Leer más...

BIOGRAFIA Hna. Josefina Zúñiga Deluque

Era fiel exponente de las mujeres de su raza antioqueña, que no sabe de miedos porque ha podido vencer la abrupta majestad de sus montañas. Su figura menuda encerraba un alma grande, de temple.

Quienes la recuerdan desde su infancia, vivida con la naturalidad de una niña común y corriente, alcanzaron a intuir detrás de su cuotidianidad y de su semblante apacible y sonriente, el fuego de quien se sabe llamada a vivir grandes momentos en su historia personal.

La fe recibida en el hogar, por la tradición y por el ejemplo de sus padres y mayores, se fue templando desde muy temprano cuando, con su hermana Cecilia, también terciaria capuchina, asistía a la catequesis dominical. Así de normal transcurrieron su infancia y su adolescencia. Sin estridencias ni aspavientos; todo enmarcado en lo común y corriente de una niña y de una adolescente. Con sus altibajos de alegría, de ilusiones, de rebeldías y aspiraciones compartido todo con quienes fueron sus compañeras de estudio en las aulas de los colegios de "La Presentación" de Medellín, la "Normal Antioqueña", "María Auxiliadora de Medellín y la normal "La Merced" de Yarumal, testigos de su franca e innata rebeldía ante lo institucional, cuando supera a la persona.

Siendo alumna en la Normal "La Merced", de Yarumal, sufrió un accidente que pudo haberle ocasionado serias consecuencias, pero que dentro de los designios del Padre Bueno, no llegó más allá de unas horas de inconciencia porque El ya habría marcado con su amor de predilección, porque las necesitaba.

La delicadeza de su alma cristalizó en el gran amor y ternura hacia su madre, a quien no fue capaz de contarle que partía para Ecuador, por no amargar la despedida. No obstante esto, fue valiente para ir más allá de lo común cuando el Señor en el Evangelio le hizo la propuesta exigente de dejar padre, madre y hermanos por el REINO.

De temperamento alegre, sencillo y sin doblez, siempre espontánea, era clara y directa en su relación con los demás, lo que llevaba a decir las cosas llamándolas por su nombre.

Consciente de que todo don viene de Dios y que lo que de El se recibe es para darlo a los demás, compartía todo, se daba siempre a todos y no quería hacer sufrir a nadie. Era una mujer común y corriente pero llena de amor y con grandes deseos de servir. De ahí que siempre fue hacendosa y servicial.

De apariencia frágil, pero de muy buena salud; delgada, pero fuerte.

Pero si por algo se distinguió Inés, fue por su pasión por las misiones. Desde muy niña mostró inclinación por ella, tal vez bajo la influencia de la tradición familiar que cuenta en haber evangelizador con varios misioneros.

De adolescente vivía en continua emulación con su hermana Cecilia: aquella en favor de las Hermanas de la Madre Laura y ésta por las Terciarias Capuchinas. Su anhelo de ser misionera la llevó a buscar a las Lauritas, ya que en esa época la Provincia de San José no tenía expansión misionera; pero por designios de Dios que la quería Terciaria Capuchina, solo estuvo como aspirante de las Lauritas, aproximadamente dos meses.

El 17 de octubre de 1954, cuando en Medellín se celebraba una Eucaristía solemne para conmemorar el Centenario del nacimiento de nuestro Padre Luis Amigó, Inés participó en esta celebración ya que los familiares de las hermanas habían sido invitados; Cecilia, su hermana era novicia.

El Plan de Dios sobre Inés comenzó a clarificarse ante ella y fue tan fuerte el llamado del Señor, que se quedó desde ese día, sin volver a su casa, sin mirar hacia atrás y la mamá tuvo que llevar esa tarde el ajuar para ingresar como Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia, tal como había visto que era la voluntad divina. Entregó su vida al Señor en la fecha significativa del centenario del natalicio del padre fundador y su Dios que la recibió desde entonces, sella la donación total otorgándole el martirio apenas terminado el cincuentenario de nuestras Hermanas mártires en España. Así es el amor de Dios.

Se quedó para siempre con las Terciarias Capuchinas de la Sagrada Familia. ¿Qué pasó, entonces, si su anhelo, su pasión eran las misiones y en las perspectivas no se vislumbran asomos para satisfacer su inquietud misionera? Así son los misterios del amor de Dios y de la respuesta generosa a su llamado.

El anhelo misionero siguió latente, vivo; postulantado, noviciado, profesión en 1956 fueron un camino de esperanza hacia el ideal del principio. Las inquietudes misioneras se abren a otro panorama, el de la educación: los Colegios "Manuela Beltrán, Versalles, (Valle), "Santa Inés", Bolívar (Antioquia), "Sagrada Familia", Armero, (Tolima), Normal "La Merced", Yarumal, Colegio "De María", el Peñol, "Instituto "La Inmaculada", Puerto Berrío" y la "Inmaculada" Medellín (Antioquia) fueron testigos de la entrega sin límites de tiempo y circunstancias a sus alumnas quienes hoy la recuerdan con cariño y gratitud y quienes dan fe de que "ese pequeño cuerpo encerraba un alma gigante".

..."que aprendieron de ella como en un libro abierto porque su vida fue un permanente testimonio de entrega, de abnegación, porque no conocía el cansancio, ni el desaliento para entregarse y vivir"...

..."Vida de testimonio ratificado y sellado por el martirio"...

(Tomado de una carta enviada por una exalumna con ocasión de su muerte)

..."Sus alumnas vivieron con ella las alegrías, ilusiones y esperanzas de su SUEÑO MISIONERO que eran muchísimas veces el tema del recreo". (tomado de la misma carta).

Y así transcurrió la vida de Inés, "misionera de la educación2 hasta 1973; 19 años de espera generosa y alegre para ver cumplidos sus anhelos de ser "misionera de las misiones"; surge la inquietud por el Mitú, llanos orientales de Colombia; se ofrece generosamente, pero en reloj de Dios, aún no sonaba el campanazo esperado durante tanto tiempo. Solo después de 21 años de aguardar con paciencia y constancia, su gran anhelo se hace realidad en la misión de Shushufindi, Ecuador, Misión Capuchina de Aguarico. Allí el horizonte es infinito como su anhelo; allí su espíritu se ensanchó mientras descendía por el majestuoso y hermoso Napo, contemplando la belleza de sus paisajes, sus palmeras, sus chontas, y teniendo a la vista el encanto, la sorpresa y la ilusión de ser "misionera de verdad" (tomado de su libreta de apuntes, desde 1977).

Con cuanta fidelidad transcribe en su libreta el gozo del primer encuentro con la selva en donde se verán cumplidas las esperanzas, los anhelos vividos en 21 años esperando que sonara el fin de la hora en el reloj de Dios.

¡Cuántos momentos de oración profunda, sentida y comprometida registran esas páginas amarillentas ya por el tiempo y la pobreza del papel!

¡Con cuánta claridad sintió la necesidad de "darlo todo, que es bien poco" (tomado de la misma libreta) a esos hijos de la selva, hermanos, porque también son hijos de Dios!. Toda esta trayectoria vital se resume en la nota final, escrita antes de su partida definitiva: "Si muero me voy feliz y ojalá nadie sepa nada de mi, no busco nombre ... ni fama. Dios lo sabe. Siempre con todos"... Y lo que no se busca sale al paso. Inés no buscó el martirio, Dios se lo regaló.

El martirio, aun cuando es un regalo de Dios, inmerecido, se va construyendo en la fragua de la oración fervorosa y constante, de la entrega total, sin medida y sin reservas, en el abandono en los brazos amorosos del Padre.

Los 10 años vividos intensamente por Inés en la misión, la fueron cambiando, fueron templando su carácter en la fragua de su oración fervorosa, de su espíritu de pobreza. Años que fueron acrisolando el temple de su carácter recio, que nunca convino con lo incorrecto que la llevaba a tomar posiciones claras y definidas frente a lo impreciso.

Y en ese clima de oración constante y fervorosa, la recibió el amanecer del martes 21 de julio de 1987. No había luz eléctrica cuando se postró a orar ante el Señor de su vida. Solo la luz parpadeante de la pobre vela iluminó el encuentro con el Dios del amor; así de simple, como la virgen prudente del Evangelio, con la luz encendida más en su espíritu de entrega que en el pequeño cirio, testigo de su diálogo amoroso con Jesús.

¿De qué hablarían? ¿Qué se dijeron en ese momento Jesús e Inés? Ella le hablaría de su anhelo de "ir más allá" de lo común, de lo ya hecho. Le contaría que ya había escrito a la Hermana General, a la Hna. Elena, presentándole su plan, contándole sus proyectos; le dirá también que había disfrutado la gran alegría de dialogar personalmente con ella durante los días inolvidables del COMLA 3.

¿Qué faltaba entonces? La fuerza que solo viene de Dios cuando todo se ajusta a su Plan salvífico; la fuerza del Espíritu del Señor que se logra en la oración, en el abandono y eso estaba buscando a esa hora.

Y... esa fuerza se hizo presente en Inés para dar un paso más hacia los amados Tagaeris, para ir en busca de las ovejas perdidas, fiel al encargo de su Padre Fundador (cfr. LAOC 1831). Había que salir al encuentro del Esposo en la maraña de la selva, con la lámpara del amor encendida, con el aceite generoso de la entrega, del amor verdadero que da la vida por todos los que ama.

Lo demás, lo que pasó después, lo intuimos porque la vida se hizo testimonio. "Fue tan buena misionera QUE EL SEÑOR LE REGALÓ EL MARTIRIO". Así dice una de las tarjetas recibidas por su muerte.

En el cielo hubo fiesta. Luis Amigó continuó la celebración pascual que hace más de 50 años está celebrando en compañía de sus hijas mártires de la guerra española a quienes hoy se suma Inés, mártir del amor. El amor ha vencido a la muerte.

Hna. Josefina Zúñiga Deluque

t. c.

LA VIDA DE HNA. INÉS ARANGO VELÁSQUEZ

INÉS ARANGO VELÁSQUEZ

Religiosa Colombiana, nacida en Medellín, el 6 de abril del año 1937 y muerta en la selva ecuatoriana alanceada por los indios Tagaeri el 21 de julio de 1987.

 

PRIMERA PARTE: FAMILIA E INFANCIA

“Nací libre como el viento

de las sierras antioqueñas”

 

Así reza el himno de la GRAN ANTIOQUIA, donde vio la luz del día nuestra muy querida y siempre recordada hermana INÉS ARANGO VELÁSQUEZ.

Entre los más grandes de Colombia

Antioquia es el sexto departamento colombiano en extensión territorial. Rico en paisajes, montañas, cerros, verdes y frescos calles, ríos, llanuras con fértiles pastos, hermosas costas a la orilla de los dos océanos que rodean a la hidalga Antioquia: Océano Atlántico y Océano Pacífico. Situado al noroeste de Colombia, es un departamento líder y promisorio.

Medellín, su capital “Ciudad Industrial de las flores” “Capital de la Montaña”, denominaciones que tiene que ver con sus paisajes, sus tradiciones, sus recursos y deseo de realizaciones, rodeada de montañas y cruzadas de sur a norte por el río Medellín, el río principal de su hidrografía. Situada en el Valle de Aburrá a 1.525 metros sobre el nivel del mar, y un promedio de 24 grados, es una de las ciudades más grandes de Colombia.

Fundada en 1.675 y convertida en un gran centro industrial desde los años 30. es hoy por hoy ejemplo de vanguardia y pujanza Antioqueña que con brazos abiertos recibe visitantes de todo el mundo, Medellín mezcla la majestuosidad del Valle de Aburrá (llamado así por los indígenas que lo habitan a la llegada de los españoles), con la armoniosa combinación de estructuras del siglo XX, con el verde de sus árboles primaverales y as imponentes montañas que sirven de murallas alrededor de la ciudad.

Para aquel entonces, en tiempo de la niñez de Inés, todavía Medellín no tenía el aire majestuoso de ciudad, pero ya se vislumbraba el crecimiento y progreso que iba alcanzando en el campo económico, social, cultural, comercial, etc. Inés llevaba en sí, muy adentro, el espíritu de verdadera paisa, cuyas características entre otras son:

Es un ser amable al saludar, fuerte y decidido al estrechar la mano; malicioso y hábil al hablar de negocios, franco y fiel a su palabra, brusco al decir la verdad, pero lo que dice es cierto, optimista en la derrota, alegre en el triunfo. No importa donde haya nacido, porque es tan especial, tenaz, laborioso, soñador, tierno, honrado, trabajador, hablador, que capaz de nacer donde le plazca sin dejar de ser un paisa, es regionalista porque se siente orgulloso de lo suyo y seguro de lo que es. Trabaja a diario por Colombia; le ama sobre todo y ante todo. Si lo ve podrá decirle al mundo que conoció un Paisa.

 

SUS PADRES Y ANTEPASADOS.

En uno de los barrios de Medellín, en el BARRIO BELÉN, vio la luz de l día una niña para quien la providencia tenía reservados caminos impredecibles.

Allí vivía por aquel entonces el ejemplar y patriarcal matrimonio formado por don Fabriciano Arango y doña Magdalena Velásquez, descendientes ambos de raza antioqueña, de fervientes principios cristianos, practicantes y defensores de su fe, la que sabiamente con palabras pero sobre todo con su ejemplo, con su testimonio de vida, fueron infundiendo cada día a sus hijos, testimonio que dejó en ellos huellas imborrables y fue siempre una impronta que los guió y definió en sus decisiones ante la vida y como cristianos.

De esta unión matrimonial vino al mundo una corona de 12 hijos: 5 varones y 7 mujeres, familia que iba creciendo y bebiendo de tan precioso árbol la nutriente savia que alimentara la vivencia de una vida de fe, de temor de Dios, y de confianza sin límites en la Providencia.

El ambiente familiar de donde provenían don Fabriciano y Doña Magdalena, fue un ambiente “levítico”. Ellos mismos fueron alimentados y vivificados en hogares recios y fuertes en virtudes. Sus familias provenían de esos troncos que a manera de robles se yerguen para responder valientes las arremetidas de la vida. Encontramos en su árbol genealógico hermanos, tías y tíos sacerdotes, misioneros y sobre todo una familia muy enraizados en el árbol franciscano ¿Qué extraño que al formar su hogar, fuera éste una prolongación y remedo de lo que cada uno vivió en el suyo?

En la unión matrimonial formada por don Fabriciano y doña Magdalena se dieron a cabalidad las características del matrimonio cristiano: unidad e indisolubilidad, fidelidad y fecundidad. Y como fruto precioso Dios les regaló doce hermosos y promisorios descendientes: Hernán, Fabiola y Orfa; Rafael, Otto, Ángela, Magdalena, León y Conrado, Cecilia, Inés y Ana Isabel.

Siete mujeres, cinco varones, siendo Inés entre los doce, la undécima, Cada nuevo hijo traía a la familia nueva alegría, nuevas esperanzas, nuevo planes de vida para el futuro.

La vida en familia se iba desarrollando normalmente: un papá laborioso dedicado a su trabajo en la Banca, donde fue escalando diversas posiciones, gracias a su dedicación honradez y pulcritud de costumbres, un poco apretada la situación económica, según testimonio de uno de sus propios hijos, y nada de extrañar, debido al duro pero gozoso compromiso y a la obligación moral de sostener y levantar familia tan numerosa, doña Magdalena dedicada de lleno al cuidado de sus hijos y del hogar; laboriosa y difícil tarea. Gracias a que aún no se ha dado la liberación femenina, tuvieron estos hijos la fortuna de gozar de lleno de los cuidados, mimos y detalles de su mamá.

Fue un hogar alegre y dinámico, con la presencia de chicos llenos de vida, energía e inquietud. Hogar de sanas costumbres y tradiciones, no fue golpeado por la degradación de sus raíces, tales como la ambigüedad acerca de la relación de autoridad entre padres e hijos, ni por la desintegración familiar, etc. Al contrario, fue un centro de transmisión de valores con el testimonio de cada día, viviendo a cabalidad o aprendiendo de sus mayores las costumbres de la época,: misa diaria desde pequeños los que eran conducidos por sus padres, rosario, catecismo dominical, salidas y expansiones siempre juntos, todo un beber en las fuentes el agua fresca de una fe robusta, futuro esperanzador para esos hijos que poco a poco se van abriendo a la vida y buscaron quien antes, quién después, su realización personal sin encontrar oposición, sino orientación y apoyo en clima de libertad.

 

En cuanto a su hogar, Cecilia su hermana dijo:

“Nuestro hogar podemos decir que fue modelo de piedad, fervor y religiosidad, ya que mis padres fueron verdaderamente cristianos. Con un gran amor a la Virgen Dolorosa, todos los problemas eran colocados en sus manos… todas las noches se rezaba el rosario y antes de ir a la cama cada uno pedía la bendición y recomendaba se le llamara para ir a la Misa al día siguiente”

Con el pasar de los años estos hijos fueron encontrando caminos de futuro y se organizaron: Fabiola, Cecilia e Inés, Terciarias Capuchinas. Los varones todos, formaron sus hogares y los bendijeron con el sacramento del matrimonio, semilleros y ejemplo para sus hijos, dando lo que ellos recibieron en abundancia… hombres de negocios, profesionales otros, comprometidos con Dios, con la patria y con la sociedad a la que pertenecen o pertenecieron. Al igual que Orfa, Magdalena y Ana Isabel, Ángela permanece soltera, desde ese estado realiza un importante papel como cristiana comprometida, respondiendo desde allí a su plan de salvación, porque aunque estuvo algunos años formando para de la comunidad de Hermanas Terciarias Capuchinas, poco a poco fue discerniendo que su lugar estaba como laica, ayudando a quienes lo necesitan, y como lo hace cada uno y cada una, desde el lugar de su realización y cumplimiento de su misión. Para este momento, ya varios han pasado a la Casa del Padre: Rafael, Otto, Conrado, Orfa.

 

BAUTISMO CONFIRMACIÓN, PRIMERA COMUNIÓN

La pequeña Inés recibe, como todos los niños de la época, las aguas bautismales a los pocos días de nacida, en la Iglesia Parroquial Nuestra Señora de Belén, costumbre con la cual la Iglesia quiere ser fiel al mandato del Señor y además, siempre ha estimado que no se debe privar a los niños del bautismo durante mucho tiempo, sin justa causa. Es también una tradición memorable que se debe respetar. Este acontecimiento produce en la familia alegría y regocijo.

Siguiendo el hilo conductor de su infancia, llegamos a la recepción del Sacramento de la Confirmación, donde reafirma su condición de cristiana, adquiere una configuración más profunda con Cristo y una mayor abundancia del Espíritu Santo, Espíritu que le dará la plena madurez en la fe hasta las últimas consecuencias, hasta la inmolación en la cruz del martirio, como en ella se realizó.

Recibió este sacramento el 6 de octubre de 1940 de manos del entonces Arzobispo de Medellín, Monseñor JOAQUIN GARCÍA BENÍTEZ, sacramento que recibió en compañía de su hermana Cecilia. Tenía entonces 3 años y medio.

La Primera comunión la recibió en el Colegio de la Presentación de Medellín cuando cursaba el Infantil, apenas abriéndose a la vida, y con el entusiasmo y la limpieza de quien en la flor de la inocencia se acerca a recibir al dueño de la vida desde siempre y para siempre.

La niñez de Inés sigue su curso, desarrollándose al ritmo de las exigencias y costumbres de cada día, suave y tranquila al lado de sus padres, hermanos y hermanas en actividades, juegos y distracciones propias de su edad.

En 1944 ingresa al Colegio de la Presentación donde cursa el Infantil y los grados primero y segundo de educación primaria. Los grados tercero, cuarto, quinto y parte del 1º. De Bachillerato los cursa en la escuela normal de la ciudad, dirigida por honorables y especializadas pedagogas, muy admiradas en la sociedad.

Sus actividades en esta época son las normales para una niña de su edad: asiste puntual y gozosamente al Catecismo Dominical, donde participa de todo lo planeado y organizado por quienes lo dirigían. Es huésped seguro en las fiestas infantiles a las que asistía en compañía de sus hermanas, ya que vivaracha como era, todo lo disfrutaba a cabalidad. En Navidad asistía al rezo de la Novena al Niño Jesús y participaba del canto de villancicos y coros navideños.

 

SEGUNDA PARTE: ADOLESCENCIA Y JUVENTUD

Con el devenir de cada día, Inés fue entrando en la adolescencia, periodo crítico plagado de ajustes y problemas. Se entra en la adolescencia con buena parte de los sentimientos, actitudes, capacidades y dependencias de la vida anterior. Lo normal es que culminada esta etapa ya se esté preparando para comportase como persona responsable y adulta.

 

Un autor desconocido escribe acerca de esta etapa:

“No estás sólo. Perteneces a una familia y a unos amigos. Formas parte de un pueblo o ciudad, de una tierra, de un país y de una cultura. Goza y disfruta con las cosas y personas que la vida ha puesto en tu camino; hacerse mayor es una hermosa aventura que exige esfuerzo y no un juego para caprichosos”.

Como su hermana Fabiola, Terciara Capuchina, había sido trasladada a la Normal La Mercede Yarumal, dirigida por esta comunidad religiosa, Inés se fue a su lado a continuar sus estudios; ahí termina el 1º. Bachillerato que había iniciado en la Normal Antioqueña cursa además el 2º. e inicia el 3º. Esto hasta 1953, cuando su hermana es trasladada nuevamente y entonces Inés también emprende viaje de regreso a Medellín.

Al regresar de Yarumal, en su casi obsesión por realizar su sueño misionero, resuelve entrar de aspirante a la Comunidad de las Hermanas Misioneras de la Madre Laura, donde solo permaneció por escasos meses, fue un paso fugaz, ligero, como decisión tomada también a la ligera por una adolescente sin experiencia de la vida,. Su destino estaba en otro lugar, ya la Providencia le iría mostrando los caminos, como en efecto sucedió. Al salir del aspirantazo en 1953 se matricula en el Colegio María Auxiliadora dirigido por las Hermanas Salesianas, donde termina el tercer año de bachillerato y cursa el 4º. año.

En esta época de su adolescencia se descubren en ella rasgos muy característicos de su edad y su temperamento: decisiones rápidas y poco estables; temperamento franco, ardiente, búsqueda de un ideal que para aquel entonces, aún no lograba. Sus hermanas carnales, sus compañeras de colegio, han dejado constancia de en sus testimonios de algunas manifestaciones en su actuar. La describen: amante y delicada con sus padres y en general con su familia, muy fuerte su devoción a la Sma. Virgen, su amor por las misiones por las que trabajó con empeño y dedicación en las jornadas misionales que se organizaban. Por sus venas corría sangre misionera, familiares muy cercanos de sus padres se destacaron como misioneros infatigables. Cuenta una prima salesiana que cuando recibió la primera comunión le dijo: “Yo seré monjita para entregarme a las misiones”

Se granjeaba el cariño de cuantos rodeaban por su sencillez y su alegría. Tenía una risa contagiosa, amante de la verdad, era transparente, no aceptaba nada incorrecto, lo que la hizo aparecer a veces como intransigente, poco tolerante.

De gran sensibilidad para con los pobres y necesitados. Del dinero que le daban para sus dulces y gastos semanales reservaba para compartir con ellos, sobre todo con los indígenas que siempre fueron soñado ideal. Tuvo muchos admiradores, pero su vista miraba otros horizontes, cuando se presentaban para visitarla siempre buscaba quien la sustituyera, el Señor no la llamaba al matrimonio, así lo expresó en varias oportunidades.

 

TERCERA PARTE: NACIMIENTO DE SU VOCACIÓN.

“Mi vocación es un fuego que llevo en el alma, con susurros de amor y de calma, como un viento que corre veloz, no es ilusión, no”

Cantaba con energía y alegría. Desde pequeña Inés sintió siempre en su corazón el fuego abrasador que la impelía a mirar hacia arriba y escalar las alturas de la santidad y de la entrega. La gracia de Dios la iluminó e impulsó a consagrarse a Dios plenamente y para siempre. Son llamadas a las que no se puede resistir sino que llevan a la entrega sin reservas.

Fiel a este fuego e impulso misionero ingresa en la comunidad de las “Hermanas Misioneras de María Inmaculada y de Santa Catalina” comúnmente conocidas como Misioneras de la Madre Laura o más familiarmente, Lauritas.

 

LAS MISIONERAS DE LA MADRE LAURA Son una congregación colombiana, netamente misionera, fundada para construir el reino desde los más pobres, por la Madre LAURA MONTOYA UPEGUI, nacida en Jericó, Antioquia, Colombia, en 1874 y muerta en Medellín el 21 de octubre de 1949.

El 5 de mayo de 1914 salieron de la ciudad de Medellín, Laura Montoya Upegui en compañía de su madre y cinco jóvenes valerosas, iniciando lo que ella denominó “la obra de los indios”. El 14 de ese mismo mes y año, funda la congregación en las selvas antioqueñas de Dabeiba, con los indígenas Catíos.

La madre Laura tuvo una visión universal de su misión, celo sin límites de lugar, ni personas, ni tiempo, se afirma en su biografía; al morir la madre Laura deja 90 casas fundadas en tres países: Colombia, Ecuador y Venezuela, y su carisma misionero sigue latente como respuesta al “tengo sed” grito de Jesús en la cruz desde el abandono y la marginación en que se encontraban los indígenas. A esta congregación ingresó Inés cuando regresó de Yarumal, movida por el anhelo, casi que obsesión de ser misionera, ye entregarse a la evangelización de los indígenas; decisión ligera, sin mucha maduración, propia de sus edad adolescente, pero de admirar porque dio el primer paso para alcanzar lo que tanto anhelaba. Pero así como ingresó, rápidamente, así fue su decisión para salir. Permaneció únicamente por tres meses. Fue un paso fugaz, tres meses, pues no era el lugar para la realización y consumación de su vocación, y mas concretamente de su vocación misionera, solo que en su inquietante búsqueda creyó seria en el seño de esa comunidad donde encontraría el terreno propicio para la realización de sus sueños, pero… mis caminos no son vuestros caminos.

Cuenta una de sus hermanas, que una tarde llegó al convento de la Madre Laura doña Magdalena, su mamá, a cancelar el aporte que debían hacer las aspirantes; no la llamaron donde su mamá, pero ella, no se sabe cómo, la vio llegar y cuando se disponía a regresar a casa, la llamó y le dijo desde lejos, “mamá, espéreme que yo me voy con usted, yo no que quiero quedar más aquí” ¿Motivo?... en última instancia, caminos de la Providencia que guía amorosamente nuestros pasos en el caminar hacia el Padre, porque “Yo soy el barro, Tú eres el Alfarero Señor”. Al retirarse del aspirantazo de la Madre Laura, continúa estudiando el 3er. Año de bachillerato en el colegio de María Auxiliadora dirigido por las Hermanas Salesianas. Corría el año 1953.

Las Hermanas Terciarias Capuchinas fueron para Inés como un ambiente natural desde su infancia, puesto que su Hna. Fabiola ya pertenecía por aquel entonces a esta comunidad y así tuvo desde pequeña la oportunidad de familiarizarse con las hermanas, conociéndolas poco a poco.

Esta comunidad fue fundada por FRAY LUIS AMIGO Y FERRER Obispo de Segorbe, el 11 de mayo de 1885.

En 1884 el joven Luis de Massamagraaell contaba solo 30 años, cuando movido por el Espíritu emprendió la colosal aventura de fundar esta comunidad, y cuatro años más tarde fundó la Comunidad de los Padres Terciarios Capuchinos de Ntra. Señora de los Dolores.

El Padre Luis había nacido en Massamagrell – España – el 17 de octubre de 1854. Desde niño sintió la llamada del Señor para consagrarse a su servicio. Después de vencer varias dificultades ingresó a la Orden Capuchina en Bayona Francia, el 12 de abril de 1874; tenía entonces 19 años; al regresar a España fue ordenado sacerdote en 1879.

Desde Massamagrell, su pueblo natal, ejerció su apostolado con varios grupos seglares y fue precisamente trabajando con estos grupos donde recibió la inspiración de fundar sus dos congregaciones, como él mismo lo escribe:

“El progreso siempre creciente de la Tercera Orden Seglar y el deseo de mayor perfección de algunas almas que querían consagrarse a Dios, me impulsaban ya mucho tiempo a intentar la fundación de una Congregación de Religiosas Terciarias Capuchinas y, creyendo ser voluntad de Dios, empecé a escribir unas Constituciones implorando para ello el auxilio divino”

La forma cómo surge esta Congregación pone de manifiesto los designios ocultos del Señor. El Padre Luis al escribir las Constituciones dejó muy en claro el espíritu propio de la Congregación. Le debe distinguir el espíritu cristiano en el amor y enmarcar su vida en la penitencia y en la minoridad franciscanas, dedicándose unas veces a la contemplación y otras a socorrer, con dedicación y esmero, las necesidades corporales y espirituales de sus prójimos, como la expresa en sus escritos:

“Las hermanas servirán al Señor en vida mixta, entregándose unas veces a las dulzuras de la contemplación y dedicándose otras, con solicitud y desvelo al socorro de las necesidades corporales y espirituales de sus prójimos, en los hospitales, asilos y casas de enseñanza… si en algún día La Sagrada Congregación de Propaganda FIDE las pidiese para las misiones entre infieles, se prestarán con toda docilidad”.

En 19885 el mismo año la fundación de las Hermanas Terciarias Capuchinas se desató en España, y sobre todo en Valencia, una terrible epidemia de CÓLERA ASIÁTICA que afectó profundamente la población, a tal punto que no encontraban quien atendiese a los enfermos ni quien le diera sepultura a los muertos.

Las autoridades angustiadas acudieron al Padre Luis pidiendo su heroica ayuda. Él expuso la situación al grupo de Hermanas que apenas iniciaban. Todas se ofrecieron generosamente. Cuatro se fueron a prestar el servicio en Massamagrell, y tres de ellas murieron contagiadas de la enfermedad.

Dejemos que sea el Padre Luis quien nos narre:

… “Por ser este un acto heroico me limité a exponer a las religiosas la petición y decirles que si alguna se veía con ánimo para ejercer la caridad me lo dijese. No hubo alguna que no se ofreciese al sacrificio. Se designaron cuatro que fuesen a Massamagrell…”

El diario “Las Provincias” se hizo eco del heroísmo de las hermanas de la naciente comunidad;

“Una simple invitación que los vecinos de Massamagrell hicieron a las hermanas terciarias capuchinas ha sido bastante para que se ofreciera toda la comunidad a asistir a los enfermos coléricos, siendo preciso que la superiora contuviera su fervor marchando solo alguna de ellas… es de desear que estas heroicas mujeres que en aras de la caridad corren a los sitios más peligrosos para cuidar a los coléricos, se prevengan en lo posible la epidemia”.

Como se aprecia, ya desde sus inicios la congregación da muestra de la entrega y vocación martirial de sus miembros.

Corría el 1954, año centenario del nacimiento del Padre Luis; una solemne celebración Eucarística se había preparado en el Noviciado Getsemaní, situado en Medellín, Belén para conmemorar este gran acontecimiento. A esta celebración fueron invitados los familiares de las hermanas, y la Hna. Fabiola hizo a Inés una invitación especial. Como era de esperar, la inquieta y dinámica Inés asistió llena de entusiasmo.

“En esta celebración iba a ingresar una joven – cuenta su hermana Cecilia que en aquel momento era novicia terciaria capuchina – cuando Inés se dio cuenta de ello, acudió donde la Madre Provincial, y le pidió que la recibiera. Ella le respondió que imposible, que estaba muy joven y que sus papás no sabían nada; siguió insistiendo y entonces la Madre llamó a Fabiola y le consultó. Decidieron entonces que ingresara y llamaron a la casa para dar esta noticia a mis padres, quienes al instante acudieron presurosos para asistir al ingreso… ”

 

Y en otra nota apunta la misma hermana:

“Su ingreso fue a las 11 a.m. después de la Misa Solemne en una sencilla ceremonia en la que se cantaban la Salve Regina, y luego el abrazo de toda la comunidad como señal de acogida. Desde ese momento solo pensaban en su misión, cada vez que tenía oportunidad de manifestar este deseo, lo hacía”.

 

PARTE CUARTA: SOR MARIA NIEVES DE MEDELLÍN

Con inmensa alegría, no pos eso sin dolor, Inés se despidió de los suyos, feliz de iniciar el camino que tanto había buscado y anhelado y que al fin se veía transitándolo en búsqueda de la realización de su ideal.

La esperó y acogió su familia religiosa quienes con verdadero amor fraterno la recibieron con un abrazo que no se quedó en simple símbolo de acogida, sino que se fue haciendo día tras día realidad. Inició entonces el Postulantado, tiempo destinado a la preparación para recibir el Hábito religioso, tiempo previo al Noviciado.

“Porque es imposible conocer a primera vista las cualidades de una joven y su vocación, ni esta, si los rigores de la Orden son o no sobre sus fuerzas, por eso antes de darle el Santo Hábito, se le tendrá como postulante, el cual tiempo pasará en el noviciado siguiendo en un todo los ejercicios a que se emplean las novicias”.

Su maestra de Postulantes, la Hermana Esperanza Vélez en sus testimonios nos dice de ella, acerca de cómo la vio en el postulantado.

“Era una persona muy decidida en su vocación, alegre y fervorosa especialmente en sus relaciones con el Señor Sacramentado y con la Inmaculada, una persona muy servicial dispuesta para todo, ningún trabajo era grande para ella, inquieta espiritual y físicamente, no se sabia estar en un solo punto mucho tiempo, era activar por naturaleza, de un modo de ser muy agradable, buena con sus compañeras, amiga de ayudar al que necesitaba y como tenía muchas cualidades podía ayudar mucho, porque no solo intelectualmente era muy capacitada, sino que humanamente tenía muchos dotes. El defecto que siempre se le corrigió a Inés era que era muy primaria, sus respuestas duras que de inmediato le causaban remordimiento, porque era una persona muy delicada de conciencia, como ella era así a la carrera quería que todo el mundo marchara a su compás y eso no se consigue”.

El periodo duraba seis meses o un poco más los que pasó en el Noviciado “Getsemaní” en Medellín. Transcurrido este tiempo tiene lugar la “Toma de Hábito” el dos de julio de 1955, ceremonia que fue presidida por el sacerdote José Lozano, terciario capuchino. Como era costumbre recomendada por el mismo padre Luis, cambió su nombre de pila por su nombre de religión SOR MARÍA NIEVES DE MEDELLÍN

Con la investigación del hábito se inicia el Noviciado y con esta etapa se inicia propiamente la Vida Religiosa. Es un tiempo más largo y con mayores responsabilidades y más fuertes decisiones; tiempo dedicado a que las novicias se arraigan más en la virtud y adquieran el espíritu seráfico que debe animar a las hijas del Patriarca de Asís, aprendiendo en que consiste la vida de la perfecta religiosa y verdadera terciaria capuchina.

El año del noviciado transcurrió normalmente; alegre como era, la infundía diáfana y ampliamente a sus compañeras, sorteando con valentía las inevitables dificultades, convencida de que la fe no las elimina y porque sabía que Dios vela y camina con nosotros aunque algunas veces a distancia. Puede parecer que Dios está ausente pero El no puede permitir que se hundan los suyos aunque deja actuar las causas segundas; lo definitivamente grave es el hundimiento de la fe. Pero pasaron los días e Inés continuó firme en su caminar.

Transcurrido el año de noviciado hizo su Profesión Religiosa el 7 de Julio de 1956 en Eucaristía que presidió el Padre Aureliano Restrepo, cuando contaba con 19 años de edad.

Con la Profesión Religiosa terminó la etapa de formación y pasó entonces a ejercer el apostolado en las diferentes obras que tenía la Provincia de San José. Fue designada para dedicarse a la tarea de la Educación.

 

QUINTA PARTE: SOR MARIA NIEVES COMO RELIGIOSA Y COMO EDUCADORA

Desde siempre y por siempre Inés soñó con ser misionera lo hemos afirmado ya varias veces, y misionera entre indígenas, pues en el sentido amplio de la palabra, todos somos misioneros al cumplir cada día la misión que Dios nos encomienda.

Como la Provincia no tenía obras dedicadas a las misiones entre indígenas, fue destinada a trabajar en los colegios que tenía la Provincia a los que Inés les dedicó buena parte de su vida, con entrega, dedicación y esmero. Prueba de ello son los diferentes testimonios emitidos por sus alumnas y hermanas que trabajaron con ella.

Inicia su misión como educadora, al estilo de Jesús, como misionera itinerante, por quien ella se dejó guiar, combatiendo con energía las debilidades naturales con fuerza certeza y seguridad a la manera de San Pablo: “Sé de quien me he fiado”. Cumplió con dedicación su trabajo, con sentido de humor para ver la vida con alegría y optimismo. Por eso porque era una hermana alegre, era de esas personas que conservan siempre su juventud, por eso era muy atrayente para con las alumnas con quienes siempre tuvo muy buenas relaciones; exponía sus puntos de vista sin violentarlas, les sabía exigir cuando era necesario sin violentarlas. La Hna. María nieves, la joven educadora, gozó siempre de gran acogida entre sus alumnas, quienes acudían a ella a pedir orientaciones especiales en sus momentos difíciles y siempre se retiraban confortadas y animadas.

En 1956 apenas emitió su primera profesión fue destinada al colegio “Manuela Beltrán” en Versalles (valle del Cauca), pero al siguiente año 1957 pasa al Colegio “Santa Inés en Bolívar 8Antioquia). Su Superiora local, la Hna. Blanca Myriam Arroyave, en su testimonio entre muchas cosas dijo:

“… El Señor me regaló convivir con la Hna. Inés en dos ocasiones, en Bolívar y años después en Armero, la conocí muy a fondo, guardo gratos recuerdos de ella y ahora como en aquel entonces sigue siendo mi ayuda. Fue siempre la persona generosa, activa, en sumo grado, nada se le dificultaba… leía en su mirada franca y sincera que me decía: ¿qué necesita? La alegría fue siempre una característica muy especial suya…”

En 1958 fue trasladada al Colegio “Santa Rosa de Lima” en Jericó (Antioquia); aquí emitió su profesión perpetua el quince de agosto de 1959 al cumplir tres años de votos temporales, en Eucaristía oficiada por el Señor Obispo de la Diócesis Monseñor Antonio José Jaramillo.

Allí estuvo acompañada por su familia en momento tan importante y decisivo para quien ha consagrado su vida al Señor, y poder hacerlo ahora en forma definitiva; esto en lenguaje jurídico, puesto que teológicamente hablando la entrega definitiva ha sido desde el sí de la Primera Profesión.

Acariciando y esperando el momento de marchar a las misiones, continúa prestando sus servicios como educadora. En 1960 estuvo como en la Norma “Nuestra Señora del Carmen” en Cereté (Cordoba), donde además obtuvo su título de Normalista Superior en 1964. Continuó laborando en el mismo establecimiento hasta cuando al finalizar 1967 es trasladada al Colegio “Sagrada Familia” en Armero (Tolima)

De sus alumnas se tiene testimonios valiosos y gratificantes. Citamos los de Eyder Tocher hoy terciaria capuchina:

 

Escribiendo a hna. Cecilia Arango le dice:

“Tú sabes el cariño la gratitud de quienes tuvimos la dicha de ser sus alumnas y más las internas… vivimos tan cerca alegrías, triunfos, fracasos,… ese pequeño cuerpo encerraba un alma gigante,… aprendí de ella como de un libro abierto, porque su vida fue perenne testimonio de entrega, de abnegación. Inés no conocía el cansancio para entregarse y servir”.

Los años 1969 – 1971 los vive en la Normal “La Merced” de Yarumal donde encontró gratos recuerdos de su adolecía y donde encontró a la Hna. Esperanza Vélez como superiora de la Comunidad, las mismas hermanas que había sido su muestra de postulantes….

Pasa luego al colegio de María de El Peñol (Antioquia), en 1974 fue trasladada al Colegio La Inmaculada de Puerto Berrío donde regresó en 1976, después de estar en el colegio La Inmaculada de Medellín y nuevamente en Armero en 1975.

Veinte años de paciente y desesperada espera para ser “misionera de verdad” como ella misma lo decía. Veinte años como educadora cuando su mirada siempre estuvo con las misiones, pero es Dios quien mueve y el hombre es movido por Dios.

“Yo me entré para ser misionera y me han dejado de maestra, ayúdeme usted que puede”, decía a la Hna. Ana Dolores Rojo en diálogo con ella, Superiora provincial de entonces. El Evangelio invita a estar abiertas a eventualidades dispares y opuestas.

Cuando la Hna. Beatriz Arbeláez (q.e.p.d.) se le solicitó hacer un flash acerca de Inés, escribe:

“Una mujer dinámica, entusiasta, activa, emprendedora, destacaría especialmente su dinamismo y su sentido de responsabilidad, su inquietud por la evangelización. Yo la conocí en Armeo, y además desde su trabajo como educadora con Amelia Echeverri se iban después de terminar las clases del colegio a una hacienda a dar catequesis a los niños que se preparaban para recibir los sacramentos; yo admiro mucho ese trabajo, porque el clima de Armero es muy fuerte, demasiado caliente, ellas no conocían la fatiga… Dentro de la comunidad era muy diligente y ágil poco paciente para acostumbrarse al ritmo de los otros, un poco colérica y tajante, cuando tenía que decir las cosas, su dinamismo la llevaba actuar así. Esto aunque pudiera verse como negativo es también muy positivo depende de uno según con quienes uno viva; personas así ayudan a despertar una comunidad a dinamizar un grupo”.

Y llegó la hora marcada y fijada por Dios para abrir a Inés el camino hacia la plenitud de sus sueños e ideales durante una vida y una larga espera ¡Misionera de verdad!

Fue su único ideal, como lo repitiera meses antes de morir, sueño al que hubo que esperar para verlo realizado, pero no porque ella no lo hubiera buscado y tocado en muchas puertas sin obtener respuesta inmediata. Cuando la provincia de la Inmaculada empezó una misión en el Zaire. Inés pensó que también ella podría ser misionera en África, como 5 hermanas de esa provincia que en 1971 llegaron a Kansenia.

En 1973, cuando se hablaba de la misión en Mitú a cargo de la Provincia del Sgdo. Corazón en los Llanos orientales de Colombia, Inés presentó una petición escrita para formar parte de la misma, pero esta solo se inició en 1978.

A petición del Superior de la Misión de Aguarico en el Ecuador y Prefecto Apostó lico de entonces Monseñor Jesús Langarica, las hermanas Terciarias Capuchinas llegaron a Ecuador en 1977 y en esta ocasión Inés fue designada para ir a trabajar en esa misión.

Al fin se cumplió su sueño tan acariciado, anhelado y esperado, ahora sí ¡misionera de verdad! Ahora sí tiene ante ella el inmenso horizonte y las selvas tanto tiempo deseadas y añoradas.

Ahora puede respuesta a esa vocación especial a la que el Señor le llamó, inmenso regalo como toda vocación; ahora puede saciar la sed de Jesús entre los más pobres y necesitados.

Nuevamente es la hna. Cecilia habla y describe la vocación misionera de su hermana, desde su pronto de vista:

“Tuvo que esperar 20 años para que al final la mandaran a las misiones. Llegado el momento no vaciló. Tenía muy claro en su mente y corazón las características de un buen misionero: pobreza absoluta, desprendiéndose de sus seres más queridos, su patria y hasta de su lengua, ya que tenía que aprender algunos dialectos, pero feliz marchó, sin tener en cuenta la enfermedad de mi mamá y también su edad avanzada. Marchó con el mayor entusiasmo y alegría sin limites… en todo lo que hacía y admiraba, contemplaba la presencia de Dios como lo hiciera San Francisco de Asís”

Inicia Inés una nueva etapa de su vida, llena de ilusiones y plena en realizaciones, esperando llevar a cabo los planes que durante una vida acarició, asumiendo realidades impensables pero aceptadas de antemano, pues bien sabía los riesgos que correría en sus peligrosos pero anhelados viajes en la misión. Fue su gesto, fue su anhelo, fue su ideal.

 

Hna. Estela Gómez Pineda. Terciaria capuchina.

 

Nota. Desde su llegada a Ecuador, la vida de Hna. Inés corre paralela con la de Mons. Alejandro Labaka hasta su muerte. También sus tumbas están juntas en la catedral de Coca.

Vivencias con Alejandro e Inés

En 1983 ingreso al Oriente, hoy casi 30 años.

¿Cómo fue este encuentro con ellos?

Resulta que Cecilia y yo trabajábamos como profesoras en un colegio de Ibarra. Un día conversando de vacaciones, nos pusimos de acuerdo para pedir en algún lugar para hacer una experiencia misionera, pensábamos en Riobamba con Mons. Proaño o al Oriente, Cecilia había tenido la oportunidad de conocer al P. Juan Santos que estaba en Pompeya, entonces nos dirigimos por medio de una carta a la cual tuvimos una respuesta negativa por la razón de que en esas fechas se terminaba el trabajo pastoral de los misioneros y salían de vacaciones por lo tanto no había quién nos reciba. Con mucha tristeza recibimos la noticia. A los cuatro días recibimos una llamada telefónica para preguntarnos si queríamos hacer la experiencia en Rocafuerte con la Hna. Inés y Mons. Alejandro que van a preparar el viaje donde los Wuaoranis, nosotras felices, nos pusimos de acuerdo con la Hna. Inés para encontrarnos en Quito y luego viajar a Coca y Rocafuerte.

Después de unos días de preparación nos alistamos para viajar por el río Yasuní donde los Wuaoranis.

Son dones que Dios concede y también respuestas que cada una vamos dando.

Cuando estábamos en Rocafuerte en los momentos de recreo gozábamos mucho con las ocurrencias de la Hna. Inés le gustaba imitar a las personas, era alegre, juguetona y feliz, pero por esta forma de ser de ella nunca faltó a la oración como refuerzo de su vocación.

Llegamos donde los wuaos, sin complicaciones en su equipaje su vestir y siempre descalza, que impresionante ver el recibimiento, se producen gestos, gritos, abrazos al igual responde esa manifestación de cariño Alejandro e Inés. Con su espíritu de servicio a cocinar para todos, al río a bañarnos con todas las mujeres Huao y la noche alrededor de fuego a escuchar sus historias contadas por medio de cantos.

La vida entre los Wuaoranis, las vivencias de la selva le ayudaron aún más a vivir el testimonio de las mujeres del Evangelio.

Dios le había regalado muchas cualidades para la misión. Contagiaba su entrega misionera.

Sabía exigir, sin dejar sentir que estaba exigiendo. Su alegría natural, sus gestos su forma de insinuar las cosas…, se hacía querer.

Cuando terminamos nuestra experiencia misionera en la que cambiaría nuestras vidas por esa vivencia en compañía de Mons. Alejandro y la Hna. Inés me marcaría mucho. Y es que nos encontramos con el Evangelio viviente en estas dos personas; con ellos aprendimos lo que significaba descubrir las Semillas del Verbo en un espacio diferente al nuestro.

Cuando les manifesté mi decisión de quedarme en la Misión, me aceptaron, y claro a buscar donde me ubicarían, en eso se entera el P. José miguel y les pide que me dejaran como apoyo a los seminaristas, me consultaron y claro si era útil en ese lugar que bien, desde ese momento se interesó más de mi ¿dónde iba a vivir y dejarme instalada, preocupada porque iba a vivir sola en un departamento del Colegio Gamboa, durmió la primera noche acompañándome. Me dejó instalada y se regreso a Rocafuerte. Siempre me escribía dándome consejos y animándome.

Poco tiempo después, le nombran Obispo a Mons. Alejandro, cambia la situación y más todavía cuando a la Hna. Inés le envían al Coca. Supone para la Hna. Inés una nueva etapa de su vida misionera.

Claro que la encontró inmediatamente, haciendo Pastoral Familiar, ayudando al profesorado de la escuela Fray Mariano a preparar las clases de religión y a visitar a las chicas de moral distraída como diría el P. Alberto.

Mientras sucede todo esto, la Hna. Inés continúa pensando, sin lugar a dudas, en los Huaorani, en poder ir allí, incluso en vivir con ellos. Los misioneros cuando tenían algún caso sobre personas necesitadas, acudían a la Hna. Inés, reconociendo su espíritu de caridad y servicio. Visitaba las familias y procuraba darles solución a sus problemas.

Tuve la oportunidad también de ir otras veces de misión por el río Aguarico con Mons. Alejandro y la Hna. Inés, me impresionaba la forma de conocer por su nombre y situación a todas las familias que vivían a orillas del río.

Ella siempre decía que vive feliz en la selva porque en ella se siente vivamente a Dios.

En esta selva, herida en sus riquezas naturales, en hombres y mujeres despojados de sus derechos… Esta es la tierra, y la tarea, por la que Inés y Alejandro con todos los misioneros y /as.de Aguarico, trabajan incansablemente.

Inés y Alejandro, miembros vivos de esa Iglesia naciente, lo van a ser hasta el final de su vida, fieles a la llamada que han recibido.

Alejandro como Obispo, Pastor entregado a su pueblo. Su quehacer pastoral al servicio de los más necesitados, denunciando situaciones, alentando tareas, apoyando iniciativas, arriesgando la vida.

Inés como hermana menor, entregada también al pueblo. Su quehacer pastoral igualmente al servicio de los más necesitados, viviendo junto a ellos y con ellos. Complementando con otros ojos, con ojos de mujer.

ELLOS ME RECIBIERON PARA INICIARME EN LA MISIÓN.

YO LES RECIBÍ SUS CUERPOS DESTROZADOS.

 21 marzo del 2012 

 

Carmen Pérez

Anexo

1.- Fabriciano, su padre, era empleado del Banco y además negociante.

2.- el noviciado está situado en un barrio de Medellín, que se llama Belan San Bernardo y su nombre es Getsemaní.

El Centenario del Padre Fundador, se celebró en capilla del Noviciado — concelebraron varios Obispos y además nuestros Hermanos los Terciarios.

3.- Sus estudios loa realizó en los siguientes colegios:

Colegio de la Presentación del Centro en Medellín en 1944 ingresa para empezar sus estudios y en este mismo año hace su primera comunión, — allí realiza el Primero y Segundo Infantil, primero y segundo Primaria.

En 1948 pasa a la Normal Antioqueña donde cursa el Tercero, Cuarto, -Quinto Primaria y parte del Primero Bto.

En 1951 pasa para hacer la segunda Parte del Primero Bto., segundo y — Parte de Tercero Bto. a la Normal la Merced de Yarumal, de donde se retira en los primeros meses del año 1953. Ingresa como aspirante donde las Hermanas Lauritas.

En 1953 termina el Tercero Bto en María Auxiliadora, donde también empieza el Cuarto de Bto. hasta el día 17 de octubre en que Ingresa en Nuestra congregación.

4.- En la redacción de los colegios el orden es así:

Colegio Manuela Beltrán de Versalles. Valle 5 Colegio Santa Inés de Bolívar, Ant., Colegio Santa Rosa de Lima de Jericó, Ant. Normal del Carmen de C. R. T, Córdoba en donde cursa sus últimos años de Normal Superior Colegio Sagrada Familia de Armero, Tolima Normal la Merced de Yarumal Colegio de María de El Peñol, Antioquia Instituto La Inmaculada de — Puerto Berrío; Colegio La Inmaculada de Medellín, vuelve de nuevo a Armero y al Instituto de la Inmaculada de Puerto Berrío.

5.- La entrevista no solo fue un intercambio de impresiones informativas, — sino que también ella quería tener el consentimiento de la Hna. General para la realización de su labor entre los indígenas Huaoranis y pide especialmente el permiso para entrar donde los Tagaeris.

6.- El 9 de Marzo de 1977 llegan por carretera, desde Quito, las primeras  Misioneras con destino a la misión de Shushufindi, que estaba formada por Las Hnas. María Jesús Gil, Camila Benmidez, Inés Arango y Teresita Sanchez.

7.- Inés está en Shushufindi solo cinco meses ya que el 4 de Agosto del año 1977 llegan a Rocafuerte (Aguarico) al Hospital Franklin Tello para hacerse cargo de el, que estaba dirigido por el Misionero médico Padre Manuel Amunárriz. Las hermanas que llegan son Inés Arango, como responsable de la comunidad, Camila Bermúdez y Blanca Nubia Fernández, para llegar hasta allí, lo tienen que hacer por medio de un deslizador o lancha de motor por las aguas del río Napo.

8.- Inés está en Rocafuerte hasta el 20 de Enero de 1987 ya que el 21 llega al Coca como encargada de la comunidad, es decir que estuvo en Rocafuerte 9 años y medio

9.- El apellido de Laura sí es Fernández.

10.- El apellido de Lucero es Giraldo, Terciaria Capuchina y quien parte de la Comunidad de la Hna. Inés.

11.- Después de su muerte se celebraron varias misas en distintas partes así»Iglesia Catedral del Coca, Ecuador} toda la semana se celebran las Eucaristías por los dos mártires, unas veces Monseñor Jesús Langarica y siempre en la tarde el Padre Roque Grandez.

Iglesia de S. Francisco, Quito, Ecuador, organizada por la conferencia de Religiosos del Ecuador. Celebra Monseñor Langarica, pero concelebran gran número de sacerdotes, con asistencia de los religiosos del país. Capilla del Noviciado de Medellín la primera el día 31 de Julio, con la presencia de la Hna. General y Hnas. de las distintas casas de Antioquia además mucha familia de la Hna. Inés es celebrada por nuestros Hno. loa Terciarias. Luego otra el día 8 de Agosto, presidida por el Padre Jesús Ma. Giraldo Ramírez, Francisco Yepea, Gilberto Gil y el Padre Jorge Moreno.

Capilla de la Casa Provincial de Montiel en Bogotá, es celebrada por el Padre Eduardo Rodríguez el día 22 de Julio, fecha en la que Be recibe la noticia, asistieron las religiosas de la casa Provincial. La Hna. Elena Echavarren Superiora General, Hna. Berenice Sepúlveda .Superiora Provincial de San José, Fabiola, Cecilia, Ángela y Ana Isabel Arango, Hnas. de Inés.

Iglesia de San Ambrosio en el Barrio el Batán de Bogotá, celebra su párroco el Padre Daniel Res trepo, con asistencia de Hernán, Ana Isabel, Ángela, Hna. de Inés, además sus sobrinos, cunada y demás parientes residentes en la capital.

Iglesia de la Porciúncula en Bogotá, organizada por la conferencia de Religiosos de Colombia, la preside su presidente el Padre Rómulo Cuartas, sacerdote Carmelita, concelebran varios sacerdotes.

Parroquia de San Bartolomé, Bogotá, esta parroquia está regentada por -Nuestros Hermanos los Terciarias, quienes celebraron presididos por el Padre Antonio López, Superior Provincial, con asistencia de la Hna. General y todas las Superioras de las Provincias de Bogotá, que se encontraban reunidas en asamblea especial.

Iglesia Catedral de Itsnuna, Chocó, presidida por Monseñor Gustavo Posa da, Obispo de esta región, con asistencia de los religiosos de la Diócesis.

Extractos de la crónica de Nuevo Rocafuerte

Abril 1979.
3 de abril. Llamado el P. Alejandro Labaca para entrar a los Aucas en ?? de pacificación. Le acompañan la Hna. Inés Arango y una Hna. Laurita. Por segunda vez llegan religiosas donde los Aucas.

Salimos de Nuevo Rocafuerte hacia Pañacocha de donde seremos conducidos a los Aucas en Helicóptero de la compañía. Tres días tardamos para llegar donde ellos por algunas dificultades en el vuelo; unas veces por falta de visibilidad, otras por fuertes tempestades y además el piloto no era muy conocedor de aquella zona motivos por los cuales regresábamos cada día a Pañacocha. Al tercer día llegamos donde ellos felizmente a las 4 de la tarde. Durante aquellos tres días nos esforzamos por aprender unas 4 palabras en Huaorani; otros momentos los tomábamos como reflexión en compañía del Padre.
 
Gran alborozo causa a los Huaorani nuestra llegada y más alegría sentíamos nosotros de poder llegar hasta donde ellos, cosa que nunca hubiéramos creído posible; pero el Señor ya había señalado esta hora para el principio de una evangelización tan sólo a base de convivencia y cariño hacia aquel pueblo olvidado entre la selva por los demás hermanos que disfrutamos de la civilización y la Buena Nueva.
 
Nuestros sentimientos no podrán ser expresados en palabras. Tan sólo se sabe lo que esto significa cuando se experimenta en carne propia llegándose hasta donde estos nuestros hermanos que desean como toda criatura el Reino de Dios. Sólo decimos gracias Señor por esta experiencia y este aprender y ser evangelizados por los más pobres materialmente, porque sólo poseen los medios y recursos de la selva careciendo aún de vestido y espiritualmente porque no hay operarios suficientes ni quien sea capaz de correr el riesgo a un de su vida por la extensión del Reino.

Agosto de 1980.
El día 1 de agosto salen de Nuevo Rocafuerte hacia el pueblo Huaorani a 300 kilómetros de distancia por el río yasuní la Hna. Laura, una misionera Laurita y el padre Alejandro Labaca y dos motoristas de la misión. Llevan provisiones para una semana de compartimiento con este pueblo para luego quedarse allí el padre Alejandro todo el mes de Agosto aprendiendo la lengua, costumbres para estudiar la forma de una futura evangelización.
 
Agosto 15.
La Hna. Elvira Fernández, misionera dominica del Rosario, quien había terminado sus estudios de enfermería y pidió hacer su año rural en este hospital. Compartiría con nosotras nuestra vida de comunidad y de trabajo.
A finales de este mes vienen tres hermanas misioneras dominicas a pasar unos días de descanso en nuestra casa. Fueron ellas las Hnas. Cova y Luz.

Septiembre de 1980.
El primero salen en busca del padre Alejandro que aun permanecía entre los Huaorani las Hnas. Cova dominica y la Hna. Inés Arango, acompañadas del P. Manuel. Permanecieron allí durante 5 días en conocimiento del pueblo y sus costumbres. Fue un viaje lleno de obstáculos y grandes peligros pero bella experiencia de evangelización a un pueblo que aun no han percibido la Buena Nueva.
 
Septiembre 20.
Salen de nuevo a la gira apostólica del Aguarico el padre Alejandro, la Hna. Inés Arango y la Hna. Elvira Fernández. A las 8 de la mañana previendo que llevaban las provisiones necesarias para tres semanas. Visitaron las diferentes tribus atendiéndolas con medicinas y también se realizaron bautismos. Permanecimos en cada lugar 1 ó 2 días, según las necesidades. Las gentes esperan ansiosas estas visitas pues carecen de toda clase de recursos debido a las distancias.

VisitasVisitas

Vicariato Apostólico del Aguarico - (02) 2257689 - (06) 2880501 - info@alejandroeines.org
                                          TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS - 2012